James Cagney


Cuentan que en sus buenos tiempos sus compañeros de reparto tenían miedo cerval a encararse a solas ante la cámaras con James Cagney, sobre todo cuando el diálogo de la escena era de ping-pong y había en él muchas réplicas y contrarréplicas, cosa habitual en el cine norteamericano de entonces. Actuaba Cagney a tal velocidad, sus transiciones eran tan fulgurantes y heterodoxas, tan inesperadas y precisas, que su peculiarísimo ritmo los descolocaba a la primera de cambio y después les era materialmente imposible seguirlo.James Cagney lo sabía y se divertía poniendo patas arriba los nervios de algunos actores de respuestas lentas. Una de sus víctimas favoritas era, en los años treinta, Humphrey Bogart, actor muy torpón en sus años de aprendizaje, al que Cagney martirizaba en estos careos donde no era nada fácil acoplarse a su desenfrenado y extravagante ritmo de actuación. Un biógrafo de Bogart cuenta que años más tarde, cuando comenzaba a sentirse seguro de sí mismo, éste reconoció en una ocasión que fue Cagney, con el desafío de aquellas tretas desarmantes, quien le enseñó a actuar con soltura.

Basta ver a James Cagney en su última interpretación de madurez, en la comedia Un, dos, tres, de Billy Wilder, para entender cómo se desencadenaba su inasimilable ritmo de actuación. En esta película Cagney destripó su método de interpretar, y da la impresión de que lo hizo a propósito, añadiendo a su colección de actores burlados un no va más de la ironía: él mismo, mostrándose sus propias trampas dramáticas y dejándose atrapar por ellas, reduciéndolas a farsa. Es el propio actor quien marca con tres chasquidos de dedos acompañados por una señal de arranque de bailarín: "¡Un, dos, tres!"- la legendaria cadencia y quien se avisa a sí mismo, y de paso al espectador, de un cambio brusco en ella.

A ritmo de 'claque'

Los actores no tienen otro instrumento de trabajo que su propio cuerpo, y éste es el depósito palpitante del lado transferible de su experiencia de la vida y del paso sobre ella de los años. De ahí que cuando un actor muere muera con él una manera única de hacer visible esa su experiencia del transcurso del tiempo. Y si quien muere se llama James Cagney muere además con él un capítulo único, irrepetible y, en su caso, singularísimo hasta los bordes de la paradoja, del arte de la actuación.La paradoja en Cagney consiste en que su instrumento de trabajo daba la impresión inicial de ser limitado, monocorde e incluso tosco, y, sin embargo, detrás de esos diques escondía no se sabe cómo -y sacaba a relucir en el momento exacto- una cantidad casi ilimitada de registros. La primera impresión que causaba su presencia era que carecía de dotes naturales para alcanzar las esquinas refinadas de su oficio. Pero a medida que su composición de un personaje crecía, Cagney se iba transfigurando y de aquel cuerpo pequeño de pistolero gruñón, policía sentimental o golfo mal encarado y antipático brotaba un torrente expresivo afinadísimo.

"!Un, dos, tres!", era la consigna íntima de un actor que actuaba a ritmo de claque. Lo que Fred Astaire hacía con las puntas metálicas de sus zapatos, Cagney lo incorporó a sus vertiginosas maneras verbales y gestuales de actuar. Ganó un oscar por su trabajo en un filme, Yankee dandy en el que bailó hasta la saciedad. Calmó así una frustración nunca autoperdonada del todo: disfrutaba más que con nada bailando, y no lo hacía mal, pero era consciente de que con sus rápidos pies no alcanzaría ninguna cumbre salvo la de los teloneros. Y ya que su pasión le fue negada, bailó por otros medios, con la palabra y la mirada.

Hay una formidable escena en una de sus mejores películas, Al rojo vivo, literalmente bailada: aquella en que en el comedor de la prisión le comunican que su madre ha muerto, su locura estalla y arremete contra la guardia. La secuencia está fijada en plano general: todo el cuerpo de Cagney está en la pantalla. Y actúa con todo el cuerpo, contraviniendo una regla de oro de su oficio: fijar en la mirada los ejes de la composición.

Cagney dramatizaba con las piernas, con los brazos, con el torso, con la cara, con las manos y con los hombros simultáneamente, como los bailarines. Llevaba a este terreno a sus oponentes y devoraba crudos allí a quienes se atrevían a seguirlo.

De ahí que James Cagney Fuera un genio adelantado a los cambios que en los años cincuenta introdujeron en Hollywood actores procedentes de las escuelas teatrales de Nueva York, como James Dean, Marlon Brando y Paul Newman, adiestrados en extraer su lenguaje de la totalidad de su cuerpo.


Darren Aronofsky


Primero apareció la claustrofóbica y asfixiante Pi en el Festival de Sundance, convirtiendo a Darren Aronofsky en una de las promesas del nuevo cine independiente americano. Pero su segundo film, Requiem for a dream deja que en claro que no estamos ante una promesa, sino ante uno de los jóvenes realizadores más destacados del cine mundial.

Darren Aronofsky nació un 12 de febrero de 1969 en Brooklyn, Nueva York. Desde muy pequeño, el niño Darren mostró una atracción particular por el cine clásico, ingresando años después en la Universidad de Harvard para estudiar cine. Durante su período universitario, Aronofsky ganará numerosos premios con el cortometraje que sería su tesis: Supermarket Sweep (con Sean Gullete). El otro cortometraje que rodó por esta época fue Protozoa (en 1993), producido por el American Film Institute y protagonizado por Michael Bonitatis y Lucy Liu.

En 1996, Aronofsky debuta en el largometraje con Pi, cuyo rodaje comenzó en febrero de ese año. Previo al rodaje, el realizador había mostrado el guión a sus amigos más cercanos y luego de recibir el apoyo de sus amigos, decidió comenzar con la producción del mismo. El papel principal del film, sería para Sean Gullete, protagonista de Supermarket Sweep.

Comenzado el rodaje, Aronofsky se dio cuenta de que no iba a terminar el proyecto con el escaso dinero con el que contaba. El productor asociado Scott Franklin le propuso la idea de pedir 100 dólares a cada una de las personas que conocían para poder terminar la película. Posteriormente, hubo gente que aportó más dinero, lo que le permitió al realizador terminar su ópera prima.

El costo final del film fue de aproximadamente 60.000 dólares. Pi fue alabado por la crítica y su tremendo éxito en el Festival de Sundance, provocó que Artisan Entertainment distribuyera el film en los Estados Unidos.

La claustrofóbica puesta en escena de Pi y su asfixiante historia, surgieron segín ha declarado el propio realizador de la extraña confluencia de la literatura de Phillip K. Dick, Rod Serling y su Dimensión Desconocida y del cómic de Frank Miller, Sin City.

Uno de los libros favoritos de Aronofsky era Last exit to Brooklyn de Hubert Selby. Mientras estaba editando Pi, el productor Eric Watson lo convenció de que leyera otro libro de Selby, Requiem for a dream (años antes Aronofsky había comenzado a leerlo pero lo había abandonado). Aronofsky quedó sumamente impactado por la novela y decidió que quería efectuar una adaptación cinematográfica de la misma.

Pero mientras tanto, se corrieron varios rumores acerca del próximo trabajo del realizador. Mientras Pi estaba en las salas, algunos sostuviero que Aronofsky tenía en mente adaptar a la pantalla el cómic Ronin de Frank Miller (Aronofsky es un gran fanático de las tiras cómicas). Otro de los proyectos que tuvo en mente el realizdor fue Proteus (ahora titulado Below). Dimension Films lo había contratado para que escribiera el guión de este thriller de ciencia ficción que transcurre en un submarino durante la Segunda Guerra Mundial.

Pero previamente, Aronofsky decidió hacer Requiem for a Dream, por lo que se puso a trabajar inmediatamente en el guión (Hubert Selby Jr. colaboró en la escritura del guión). Este maravilloso film, protagonizado por Jared Leto, Marlon Wayans, Jennifer Connelly (tres amigos adictos a la heroína) y Ellen Burstyn (la madre del personaje interpretado por Jared Leto y adicta a la televisión y a los programas de preguntas y respuestas) fue estrenado en el año 2000 y representó otro suceso por su innovación estilística y por su crudeza temática.

Luego del estreno de Requiem for a Dream, Aronofsky decidió no realizar ninguno de los proyectos en los que había estado trabajando (incluso Below empezó a ser filmada por David Thwohy, quedando Aronofsky como productor ejecutivo). La repercusión que generó el film, provocó que varios estudios posaron su mirada en él. Recientemente ha firmado con Warner Brothers para continuar con la saga de Batman.

Aronofsky se encargará de escribir el guión del comic de culto Batman: Year One junto al mismísimo Frank Miller (autor del comic). La idea es re-lanzar la serie luego de los tremendos fracasos de las últimas entregas, acercando la saga al comic original.

Otro de los proyectos del realizador es llevar a la pantalla el comic japonés Lone Wolf and Cub (el manga se llama Kozure Okami), llevando la historia a la actualidad. El guión lo está escribiendo junto a Eric Watson para Paramount y Mutual Film Company. El lobo solitario ya fue llevado a la pantalla en la década del 70 y es todo un suceso en el Japón con más de 15 millones de copias vendidas.

Pero antes de comenzar el rodaje de su versión de Batman, dirigirá y escribirá una superproducción de ciencia ficción que se ha mantenido en ultra secreto, el único dato que ha tomado público conocimiento es que el film va a ser protagonizado por Brad Pitt y Cate Blanchett. Según el propio realizador, el proyecto de The Fountain es "post-Matrix, una película de ciencia ficción metafísica y es totalmente diferente a cualquier cosa que hayan visto. La considero post-Matrix porque Matrix re-inventó la ciencia ficción de la misma manera que lo hizo Star Wars, o 2001. Estoy en un nuevo concepto, estuve tratando de pensar que clase de película le proyectaría a una audiencia en la actualidad y creo que tenemos algo realmente cool"

Darren Aronofsky parece haber conseguido su ideal: en una entrevista posterior al lanzamiento de Pi, el director reconoció que le gusta trabajar en ambos extremos: seguir manteniendo sus proyectos más independientes, como así también poder encarar otros trabajos que le permitan tener mayores audiencias.

Victoria Leal


Teatro en Valparaiso


El teatro en Valparaíso está a la expectativa de lo que pueda surgir de las nuevas escuelas que se han afincado en la región y que junto a los grupos independientes que han logrado sobrevivir, podrían dar renovada vida a la escena porteña, que por mucho tiempo parecía estar casi en estado agónico, con estrenos esporádicos e irregulares montajes.

Los nuevos creadores deben lidiar cada día con la falta casi endémica de recursos, de salas en donde poder ensayar y estrenar sus obras. Este, sin embargo ha sido el panorama que casi siempre ha acompañado a la gente de teatro, la que aprendió que con trabajo mancomunado y a pulso se puede sobrevivir en el medio.

Una coyuntura parecida vivieron los forjadores de la Agrupación Teatral Valparaíso, ATEVA, quienes estaban concientes de la necesidad de hacer profundos cambios, principalmente en la escasa formación que recibía el actor en áreas como la dramaturgia, entendiendo la necesidad de explorar en las nuevas tendencias y autores. Era un momento de crisis y el teatro se nutrió de ésta para renovarse.

Para comprender el proceso recurrimos a la actriz Elena Prieto, quien de incursionar en la radio pasó a ser parte de los fundadores de la agrupación, y Arnaldo Berríos uno de los actores con más experiencia dentro del medio teatral chileno, quien ha participado además en proyectos cinematográficos como "Ya no basta con rezar" de Aldo Francia.

Los Orígenes.

Hacia fines de la década del 30 el teatro chileno atravesaba una difícil situación, motivada por el desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, sus repercusiones económicas, la inexistencia de una crítica especializada y rigurosa; pero por sobre todo debido a la aparición del cine sonoro, factores que incidieron en la exigua cartelera teatral de esos años.

En este contexto, en 1941 se funda el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, con Pedro de la Barra, Agustín Siré y Pedro Orthous a la cabeza. Este es un hito trascendental, ya que sobre los hombros de estos tres hombres se cimentaba el nuevo teatro chileno, abierto absolutamente a tendencias incipientes.

La universidad, como una manera de complementar el proyecto, decide crear el Instituto de Teatro, organismo que formó varias generaciones de actores. Dos años le tomaría a la Universidad Católica crear su Teatro de Ensayo (a cargo de Pedro Mortheiru), otra iniciativa señera en las tablas nacionales. Así, el movimiento comenzaba a perfilarse dotado de un mayor peso académico.

Emprendimientos como estos serían la base para la propagación de las escuelas de Antofagasta, Concepción y Valparaíso, ciudad en donde también había gente que quería desarrollar sus propuestas, las que no tardarían en concretarse.

A comienzos de los años 50 la escena teatral porteña se nutría con el trabajo de compañías foráneas (Santiago y Europa) y en el ámbito local, según recuerda Elena Prieto "un señor de apellido Paniagua hacía teatro itinerante en carpa, por los cerros, pero no eran obras de muy buen nivel: teatro realista sainetes, melodramas, comedias la selección de de las obras tampoco era de las mejores y vendrían siendo el equivalente a las actuales telenovelas".

Efectivamente, el radioteatro, con una alta sintonía en esos tiempos, era el espacio que usaban los actores para desarrollar un melodrama que salía al aire hasta el penúltimo capítulo. El final se representaba en un teatro o carpa. Estos espectáculos eran muy populares y mantenían de alguna manera, parte del circuito teatral, a lo que se sumaban otras compañías que representaban obras de cuello y corbata de autores ingleses sin mayor relevancia.

Una organización que se hacía llamar Movimiento Artístico Independiente MOAI, cuyos responsables eran Luis Melo, Carlos Fernández y Marcos Portnoy, reunió a otras compañías, entre ellas a la de Elsa Croxatto , Margarita Fleming y un grupo de gente de Literatura que estudiaba en el Pedagógico de Valparaíso. Entre ellos decidieron aunar esfuerzos y asumir de manera seria las nuevas tendencias que se estaban produciendo en el teatro contemporáneo.

Como recuerda Arnaldo Berríos, "lo que se hacía hasta ese momento estaba quedando obsoleto, el teatro de la concha acústica, de un consueta o apuntador, eso no, había que aventurarse en la muestra de una nueva dramaturgia que llegaba con mucha fuerza desde Inglaterra, Francia y Estados Unidos".

Fruto de esas inquietudes nace la Agrupación Teatral Valparaíso, cuya dirección se confió a las manos de un joven abogado llamado Marcos Portnoy quien era dramaturgo y director. Una de sus principales tareas fue la Escuela Teatral Vespertina, que sirvió de cantera a los nuevos actores, los que fueron instruidos en actuación, producción de la voz, vestuario, escenografía, expresión corporal, esgrima e historia del teatro.

Entre sus profesores se encontraban Oscar Stuardo, Juan Barattini, Luis Melo, Ruth Gonzáles, Francisco Barrera, además de académicos invitados como Vittorio de Girólamo y el maestro Pedro de la Barra, forjador y eje central del teatro chileno, quien además coordinó el padrinazgo que ejerció el Teatro Experimental de la Universidad de Chile con la agrupación porteña. "En el montaje de Dr. Knock (de J. Romain) en las postrimerías del ensayo enfermó el actor central Luis Melo por lo que desde Santiago el Teatro Experimental puso a disposición a Roberto Parada para que el estreno no fuera suspendido. Finalmente Melo se recuperó, pero esta anécdota demuestra los lazos que se habían creado", recuerda Berríos.

¿Cómo era la modalidad de trabajo en ATEVA?

Elena Prieto: "Trabajábamos con los egresados de la Escuela Teatral (donde ingresó Berríos y Silvio Viancos, entre otros) más los fundadores del grupo y tratábamos de ser lo más democráticos posible; nos dividíamos en comisiones, como la comisión de lectura, que proponía las obras, y eran discutidas en asamblea. Si había acuerdo se creaba la comisión de montaje y la encargada de la propaganda. Luego se formaba el elenco, las lecturas y sesiones de ensayo. Todo funcionaba de manera precaria; si bien contábamos con un diseñador de vestuario, el traje debías hacerlo tú mismo, además de costearlo de tu bolsillo."

Existía una fuerte corriente en el teatro de la época en que los directores tenían mucho influjo dentro de la obra ¿Qué ocurrió en la compañía?

Arnaldo Berríos: "Sí, en ciertos teatros pero no en ATEVA. Había compañías, especialmente de Santiago, donde el director ejercía una gran influencia y manejaba a los actores. Ahora todo depende de la capacidad de la gente que tengas sobre el escenario, porque si un actor tiene la fuerza para desarrollar un personaje, éste va a fluir solo, de manera que el director no va a tener necesidad de hacer indicaciones demasiado minuciosas para que el actor dé con la clave del personaje. En la compañía se conjugaron ambas cosas".

Los directores tenían un gran conocimiento del medio teatral y entre ellos estaba Juan Barattini, Rubén Unda, Oscar Stuardo y Víctor Carlson pero el más prolífico fue Portnoy. Arnaldo Berríos junto a Carlos Genovese serían los encargados de continuar con el proyecto teatral.

A fines de los 50 se sucederían dos grandes hitos que le darían a esta agrupación renombre a nivel nacional. Con el montaje de "Réquiem para un girasol" de Jorge Díaz recibieron el Premio Festival de Teatro Independiente (1957), organizado por el Teatro Experimental de la Universidad de Chile, Portnoy mejor dirección y Silvio Viancos mejor actor.Otro hecho trascendente fue el estreno en Chile de "Esperando a Godot" 1960, ( a siete años de su estreno oficial el 5 de enero de 1953 en el Teatro Babilone de París).

Esta compleja pieza del teatro del absurdo es obra del irlandés dramaturgo Samuel Beckett ,quien junto a Eugene Ionesco y Harold Pinter era parte de una naciente vanguardia teatral post guerra, inserta en una crisis que intentaba reflejar las vivencias de personajes que padecían el dolor, el sinsentido y la soledad. Berríos reconoce que por la complejidad y duración de la obra (3 horas en la versión de ATEVA) existía un "temor de que la gente no la entendiera, sin embargo el montaje logró tener gran aceptación."

El grupo comenzó a consolidarse, se sucedían estrenos como "Esquina Peligrosa" de J.Priestley "La Noche de los Coroneles" de Marcos Portnoy, "La Cantante Calva" de Ionesco y "El Cepillo de Dientes" de Jorge Díaz, "Como en Santiago" de Barros Grez, entre otros. Para sus montajes, ATEVA arrendaba "salas como el cabaret del Casino de Viña, el Teatro Real, hacíamos una fuerte labor de extensión en los colegios, sindicatos, cerros, ocupábamos la sala de la Chilena de Tabaco, el IPA, la Biblioteca Severin y el Instituto Chileno Francés de Cultura; actuábamos donde hubiese un escenario, incluso donde no se reunían las condiciones mínimas" agrega Prieto.

La época de las uniones, teatro universitario y la crisis post golpe.

A mediados de los sesenta se habían convertido en uno de los grupos más reconocidos de la zona y a partir de 1967 ATEVA junto al Teatro Pedagógico (TIP) de la Universidad de Chile sede Valparaíso, formaron el Teatro Universitario de Valparaíso (TUV), antesala del teatro profesional porteño. Ya desde su fusión con el TIP estaban formando escuela, había un proyecto y una trayectoria, que determinó su apuesta por el trabajo realizado en la región.

Fue así como se creó la Escuela de Teatro de la Universidad de Chile, sede Valparaíso. Los profesores de ATEVA pasaron en pleno a ser los académicos de esta nueva escuela universitaria. Implementaron la técnica de los talleres multidisciplinarios en donde cada alumno debía rendir examen de voz, expresión corporal y dramaturgia ante una comisión que medía todos estos aspectos.

Sin embargo, el golpe militar provocó que muchos de los forjadores y maestros del teatro chileno tuvieran que partir al exilio, fueran sumariados y perseguidos. "Estábamos sometidos a un constante control de espionaje para ver si hacíamos algún tipo de actividad política (la escuela cargaba con ese estigma).

Así, cuando nos juntábamos a ensayar, en la vicerrectoría se recibían llamados anónimos denunciando una reunión de tipo político, entonces se dejaba caer gente comisionada por la rectoría para verificar lo que hacíamos y se encontraban obviamente con un ensayo de rutina. Bueno a eso llega la maledicencia de la gente. Afortunadamente nuestro trabajo fue limpio, ahí lo que se hizo solamente fue teatro, siempre teatro".
En 1974 se cierra la matrícula para nuevos estudiantes y al año siguiente Arnaldo Berríos dirige el estreno de "El Último de los Amantes Ardientes" de Neil Simon.

¿Cómo afrontó su labor como director?

Arnaldo Berríos: "Yo comencé a dirigir desde que entré a hacer clases en el Teatro de la Universidad de Chile y eso sucedió no porque yo tuviera ni interés en dirigir ni vocación de director . Todo esto se dió porque luego del golpe encontramos que nos habían limitado a tal extremo nuestro quehacer que tuvimos que echar mano a todos los recursos. Los que quedamos afrontamos la dura tarea de llevar a término y sacar adelante a la promoción que teníamos y que podían perder la carrera. No queríamos que se sintieran frustrados".

¿Cuáles son las herramientas que debe manejar un actor profesional?

Arnaldo Berríos: "Yo no soy de los que desprecian a la Escuela Realista, pienso que la persona que va a aprender teatro debe transitar primero por esta escuela. Si no aprende a dominarla, nunca va a llegar a ser un buen actor, aquí se encuentra la base de la construcción de todo lo que significa interioridad de una persona, el personaje se debe desarrollar desde adentro, después puedes derivar al trabajo corporal. Esto es fundamental, ya que si tu ves los espectáculos actuales hay mucho niño que brinca, corre y se pinta mucho, pero cuando abren la boca, hasta ahí no más llegamos…"

Con mucho esfuerzo y en un marco de inestabilidad generalizado, logró recibirse la primera generación de actores formados en el ámbito académico. Era la primera vez que una universidad asumía al teatro como una carrera de formación profesional, hecho significativo en la historia nacional de esta disciplina.

Ya con posterioridad al cierre de la escuela, ATEVA queda diseminado, pero logran sacar adelante algunas obras, entre ellas el estreno en Buenos Aires de "Nadie es Profeta en su Espejo", de Jorge Díaz. En esta etapa se suma en la dirección Carlos Genovese y Gloria Barrera en la actuación ( "García Lorca en un espejo roto", "Padre nuestro que estás en la cama" )

No sería hasta fines de los 80 que el grupo estrenaría una obra y por una razón muy particular: "una de nuestras antiguas compañeras de elenco volvía del exilio. Ella había sido detenida y torturada, así es que como una manera de recibirla y tratar, aunque fuera en una mínima forma de mitigar su traumática experiencia, decidimos juntarnos y montar una obra para que ella se integrara al trabajo que más le gustaba de hacer", rememora Berríos. La obra elegida para la ocasión fue "No hay que llorar" de Roberto Cossa. Ésta es la demostración de la grandeza espiritual y humana de un grupo que está dedicado a hacer teatro y sólo teatro.

La Mancha

Albert Hitchcock


Hitchcock vivió en un periodo paralelo al de Jacques Lacan. Esto es que, nació en el último año del siglo XIX (1899) y murió en el siglo XX (1980).
Hitchcock nació, además, cuando Freud terminó de escribir La interpretación de los sueños, la que decide editar en 1900. Formalmente, se ha dicho, el psicoanálisis nace a la vida pública en 1900, porque La interpretación de los sueños presenta o reúne teóricamente no sólo la primer explicación del aparato psíquico, sino las pruebas y argumentaciones del descubrimiento freudiano, es decir, del inconsciente psicoanalítico.
El cine, la literatura, la pintura, la cultura, la concepción del hombre, no pueden dejar de estar o de ser afectados hondamente por el psicoanálisis, en el siglo XX. Así, no podemos explicarnos la obra de Hitchcok sin la influencia del psicoanálisis en su estética singular.
Pero el discurso, el lenguaje cinematográfico de Hitchcok, ¿de qué habla? Tres películas, tres obras, me permitirán dar una respuesta. Se trata, como ustedes saben, de Psicosis, Los pájaros y La ventana indiscreta; situadas en su producción, alrededor de los años 50.
Si partimos de la pregunta: ¿de qué habla Hitchcok?, tendremos que descomponerla en algunas más.Estarán de acuerdo en que el lenguaje habla a partir de enunciados y que un enunciado está hecho de un sujeto que habla, de un objeto del cual habla y de aquel otro sujeto al que se dirige. Entonces, desde estas tres instancias trataré de decir a ustedes lo que yo encuentro. Veamos pues.
En Psicosis, propongo que el sujeto que habla en ella, es la infelicidad; el objeto del cual habla, es el deseo; y el sujeto al que se dirige, es la muerte. En Los pájaros, el sujeto que habla es el acontecimiento trivial, pequeño movimiento cotidiano en la vida de los hombres; el objeto del que habla, es el absurdo; y aquel a quien le habla, es lo siniestro.En La ventana indiscreta, el sujeto que habla sería el ojo del ocio; el objeto del que se habla es el cine, del cine desde la ventana o las ventanas del cine; y aquel sujeto al que se habla, sería el drama incidental.
Advertencia: nosotros, el público que ve las películas, no somos –en esta lógica de mi análisis- los sujetos a quienes ellas se dirigen, nosotros somos espectadores asombrados, afectados, conmovidos ante un discurso provocador, que intentamos descifrar. Permítanme pues, el despliegue del análisis bajo estas tres categorías.
En Psicosis; decía, el sujeto que habla es la infelicidad. Desde el inicio de la película, nos enfrentamos al blanco y el negro; de las tres, sólo esta película no está hecha de colores, sino que se nos presenta en blanco y negro, como símbolos de una radicalidad del todo o nada, incluso yo diría que hasta podría llamarse: “Psicosis o el motel de la muerte”. Y precisamente comienza en el cuarto de hotel donde Marion y Sam, como amantes, se enfrentan a las dificultades de su relación para hallar en ella la felicidad. Si recorremos de principio a fin la trama, no hay ningún personaje que no tropiece con la imposibilidad de hallar –donde se la busque- esa felicidad. Esa búsqueda fracasa tarde o temprano. Desde la búsqueda en el amor o en el dinero, fracasa. Y en su forma más extrema, en el personaje de Norman, el joven encargado del motel quiere ser feliz conservándose unido a su madre, y que para ello tiene que recurrir a la muerte, al asesinato.
Así pues, yo diría que todos los personajes están colocados en esa vertiente de una búsqueda que pudiera hacerlos felices, pero que irremediablemente los lleva a la infelicidad, pues todos pierden, en el camino, lo buscado. Sam pierde a Marion, Marion pierde la vida, el negocio del jefe de Marion pierde el dinero, la hermana de Marion pierde a su hermana, Norman pierde, él mismo está ya perdido desde el principio.
Hay incluso una frase que se dice: “no se puede sobornar a la infelicidad con pastillas”.
Otras frases, en el diálogo entre Marion y Norman, remiten a lo mismo: Ella dice: Me he desviado.El contesta: Todos los que vienen aquí, se han desviado.
En Psicosis, el objeto del cual se habla, es el deseo. Todos los personajes están movidos por un deseo, el motor de la vida es un deseo de alcanzar lo que no se tiene. Pero en su extremo y en un personaje como Norman Bates, lo terrible es que él no puede desear. Incluso o peor, cualquier asomo de deseo, manifiesto en su gusto por Marion como mujer, lo lleva a darle muerte, no sólo a Marion sino a su propio deseo. Como si desear en él, estuviera prohibido.
Norman vive en el vacío que implica no poder desear. Sin embargo, el vacío, no está vacío, no es que haya nada en ese vacío, Lacan ha dicho que el vacío, está infestado de odio. Es el vacío de deseo de lo que habla esta película, colocando en el hueco del torbellino, en su ojo centrífugo, la tragedia de Norman Bates. En Psicosis, el sujeto al que se dirige ésta tensa puesta en escena, es la muerte.
Lacan también, ha dicho, que el único Amo absoluto es la muerte. Y creo que es a él a quien se dirige el otro sujeto, el que habla, al que me he referido como la infelicidad. Norman no puede vivir en su infelicidad, si no es viviendo para la muerte. Norman ha sustituido a su primer Amo, por el de la muerte. Más todavía: la imposibilidad de separarse de su madre, la fusión con ella, llevaba ya el germen de la muerte, de la muerte de su posibilidad de desear. No es para nada vano que, después de que su padre murió y habiendo pasado algunos años teniéndose mutuamente, madre e hijo, ante la aparición de un tercero –el amante de la madre-, Norman, no pudiendo soportarlo, haya dado muerte a ambos (a su madre y al amante de su madre), sólo que con ello, canceló la vida para él. Porque aún muerta su madre, él no pudo librarse ni separarse de ella; se queda con su cadáver, lo diseca y actúa como siendo uno con ella, la sostiene con su vida y le es absolutamente fiel; matando a su vez, todo posible objeto de deseo fuera de ella: ha dado muerte a dos chicas antes de Marion. La explicación psiquiátrica, como dos personalidades, no alcanza como explicación; se trata de una fusión, en todo caso de una sola “personalidad”, no de dos, ése ha sido el verdadero problema. Norman es como un pájaro que tiene por pico, un largo y agudo cuchillo con el que mata el deseo, pues para él, ya no hay posibilidad alguna. Norman ya está muerto como sujeto, quien sobrevive es la madre, tenía que hacerla sobrevivir, ya que era el único espacio donde podía habitar. El discurso de la madre era el suyo, no tenía uno propio. Y, toda fusión termina en muerte. Desde lo imaginario –o imaginariamente-, se completaban. Desde lo simbólico, no había más ley que la de la prohibición de una separación –y la dictaba la madre.
Desde lo real, la convocatoria a la muerte, en el goce mortífero del no ser más que para la madre, desde ahí, es desde donde Norman hace referencia al vacío, a la nada y a una trampa siniestra.El no fue más que el objeto de la madre, aún muerta tenía que seguir siéndolo, era su único modo de existencia. A esto es a lo que precisamente, puede llamarse una Psicosis, o, el motel donde se hospeda la muerte del ser.
En Los pájaros, el sujeto que habla es el acontecimiento trivial, pequeño movimiento en la cotidianidad de la vida, que puede traer consigo lo inesperado; el objeto del que habla, es el absurdo; y aquél a quien se dirige, es lo siniestro. En la tienda de aves, es Melanie quien pone en marcha esta dimensión del acontecimiento o suceso trivial, a partir de su llegada a la tienda y de su juego en la relación con Mitch (el abogado), quien se encuentra con Melanie, casualmente. Melanie es una mujer que se deja llevar por lo que se le ocurre o se le antoja, de modo tenaz, así es como llega al pueblo donde vive la familia de Mitch. El absurdo del que se habla, es precisamente que a partir del desenvolvimiento de los actos casuales, que se van eslabonando de modo totalmente imprevisto, Melanie es colocada en medio de lo inexplicable: lo inexplicable que hace su aparición con la primera gaviota que la hiere en la cabeza.De ahí en adelante, los pájaros se multiplican y amenazantes, comienzan a ganar víctimas, Fawcet el primero. Nadie sabe explicar lo que ocurre con los pájaros. Ni su presencia, ni su violencia. Todos están perplejos y asustados ante este verdadero absurdo, pues nunca antes los pájaros habían sido considerados como temibles. Lo único que se comenta es que el alimento que acostumbraban darles a sus aves domésticas, ahora, por primera vez, no quieren consumirlo. ¿Buscan entonces, hambrientos, comer? Es esta una débil hipótesis, que apenas si se deja esbozar. El movimiento, el ritmo de los acontecimientos en el absurdo, va en aumento hasta la exasperación, llegan al extremo de encerrarse en la casa tapiándola, clavando tablas por todo posible agujero. Parecen prisioneros de los pájaros, sitiados por su acecho. Finalmente, aquello a quien se le habla en esta película, lo he dicho, es a lo siniestro. Los pájaros están por todas partes, invencibles, temibles y terribles, como una masa móvil y fragmentaria, oscura y aguda, que devora y arranca la carne humana en pedazos hasta la muerte. Se comen a picotazos los ojos…Hay un padecer en el espectador de esta película, -no sé si les sucedió-, pero uno ya no puede más y sólo quiere que termine ya. Se está frente a lo siniestro en toda su majestuosidad, inerme y a su merced. Lo siniestro, en el lenguaje común significa algo funesto, que se explica por el hecho de volar las aves por la izquierda, en movimientos circulares o vueltas en espiral. Lo funesto implica lo maligno o malintencionado, causante, o acompañado, de desgracias, particularmente producidas por una fuerza de la naturaleza. Pero en psicoanálisis, aún es más fuerte la significación de lo siniestro. Freud tiene un texto espléndido, que se llama así: Lo ominoso, traducido también como lo siniestro; con ese término, Freud explica el sentimiento de malestar y de extrañeza ante un ser o un objeto sin embargo, antes, vivido como familiar. Se trata, en lo ominoso, del sentimiento provocado por la aparición en lo real, de algo que recuerda en demasía y directamente, lo más íntimo, lo más reprimido, pero que no logramos saber qué es. Así, yo creo, estamos ante la maestría de un Hitchcok, que nos presenta una intensa metáfora de lo ominoso en el hombre.
En La ventana indiscreta, el sujeto que habla sería, el ojo del ocio; el objeto del que se habla, sería el cine desde la ventana, o las ventanas del cine; y aquel sujeto al que se habla, sería: el drama incidental. Sobre el fondo de una comedia: la relación amorosa del periodista con la pierna fracturada, su novia que no logra tenerlo (a él) todo para ella; y las visitas de la enfermera que se incluye en el ocio del ver desde la ventana, a todo el vecindario a través de sus propias ventanas, tenemos a éste periodista-camarógrafo, que en su ocio no deja de ejercer su negocio. Recordemos que ocio quiere decir cesación del trabajo; pero también, diversión u ocupación reposada. El ojo del ocio, es el sujeto que habla aquí sin cesar, ofreciéndonos múltiples escenas de la vida en cada departamento por el que se asoma, con ayuda de sus poderosos lentes. El objeto del cual habla, es el recuerdo de las ventanas, que del mismo modo en que las cámaras se acomodan y a pesar de los límites que el espacio les impone, hacen entrar la vida por ellas; pues eso es el cine, la vida puesta en las pantallas, que desfila ante nuestros ojos conmovidos y abiertos; pero no sólo la vida….Pues el sujeto al que se dirige ésta, aparentemente, sencilla película, es –como dije- el drama incidental. Un drama en el que algo horroroso podemos atestiguar, descubrir o hallar, así, de modo incidental; como el hecho de que un vecino esté dedicado por unos días, a partir en pedazos el cuerpo de su mujer, después de haberle dado muerte, y a hacerlo desaparecer, como si pudiese cometer el crimen perfecto. Lo maravilloso de Hitchcok, entre otras maravillas, es que, a partir de detalles, de indicios que son observados por el “ojo del ocio” desde su ventana, logra concluir, reuniéndolos, que una mujer ha sido asesinada. Aunque no vea a la mujer ni sus pedazos, sólo lo que también ustedes y yo vimos.Así, de este modo, en La ventana indiscreta, Hitchcok nos muestra que, en la vida cotidiana, en nuestra vecindad, cerca de nosotros, entre nuestros conocidos, un drama terrible, como el de ejecutar la muerte, puede ocurrir, puede, sin que lo imaginemos, estar sucediendo. La muerte pues, convive con la vida, y si la vida está en el cine, también está la muerte.
En suma, y para responder a la pregunta: ¿de qué habla Hitchcok? Resumiré. Habla de la infelicidad humana, del deseo humano y de la muerte del deseo. Habla del acontecimiento pequeño en su trivialidad aparente, de la emergencia del absurdo en la concatenación de los sucesos y de la aparición de lo siniestro en lo real de la vida. Por último, del ojo escrutador que está en el cine y de los dramas incidentales de la vida y de la muerte.
Victoria Leal.

El teatro


Hay dos tipos de dramaturgos, unos escriben obras de teatro, otros escriben el teatro. Los primeros se limitan a dejar un legado dramático, un conjunto de piezas que podrán ser representadas en un espacio llamado escena. Los segundos, además de producir esos textos, trascienden el acto literario por la fuerza misma de su escritura y logran pautar la evolución del arte teatral.

No se limitan a meditar la estructura y contenido de una obra, sino que piensan en ella como forma escénica y como fenómeno de representación, lo cual supone el encuentro entre dos espacios concretos: escena y sala. Son conscientes de que la obra dramática accede a su propia existencia en la medida en que es representada ante espectadores, y de que es esta misma representación la que funda el teatro mismo. Trabajan las distintas formas de relación y estructuración entre la escena y la sala. Piensan el teatro y a través de su reflexión, escriben teatro.

El teatro en el siglo XX

El panorama teatral del siglo XX está dominado por tres formas principales de estructurar los lazos entre la escena y la platea: el existencialismo filosófico, el dialectismo político y el realismo psicológico.
Sin embargo, Koltès, dramaturgo francés, con una producción dramática fundamental en la cultura teatral actual, ya que es el dramaturgo francés más traducido y representado en el mundo, considera que el vínculo entre la escena y la sala debe ser pasional; la escena debe proponerse el deleite de la platea, la representación teatral no tiene utilidad y sólo debe procurar al espectador una efímera y gratuita experiencia placentera.

Ante quienes pretenden atribuir al teatro una función didáctica o capaz de alterar el curso del mundo, Koltès sostiene su posición reivindicando la “inutilidad” y la “impotencia” del teatro; considera que el teatro es un juego y por tanto debe estar bien hecho, ya que es un placer.

Con respecto al teatro filosófico del siglo XX, que bajo el existencialismo moderno tuvo gran influencia sobre la dramaturgia contemporánea, manifiesta su desacuerdo al rechazar aquellos calificativos que puedan considerar a su obra de profunda, trascendente o metafísica. Su interés se basaba en contar historias y hacerlo cada vez mejor, no en escribir frases esenciales.Para Koltès era fundamental escapar del hermetismo del teatro intelectual y de la claustrofobia de lo metafísico. A la abstracción del teatro existencialista europeo y sobre todo francés de posguerra, se oponía buscando lo concreto. Consideraba al teatro ya de por sí abstracto por ser una ficción, por eso se hace necesario hablar de cosas muy concretas. Pero no se limita a permanecer en la superficie de la materia, sino que se sumerge en las complejas profundidades de los mundos que crea.

La escena tampoco es para él una tribuna donde exponer ideas políticas, ni mucho menos soluciones, su interés era contar historias sin resolver. No le interesaba el teatro como arma, útil o vehículo de concientización. El sacrificar a sus personajes, obligándolos a ser los portavoces de ideologías, implica para Koltès reducir las conductas humanas y empobrecer la riqueza misma del arte teatral; su interés es poner sobre la escena situaciones concretas de criaturas carnales, con todas sus contradicciones vitales.
Frente a la alternativa de un teatro psicológico fundado en los principios del realismo o el naturalismo, su oposición es aún más terminante.

Consideraba estéril la exposición de estructuras psicológicas en un espacio escénico, el cual, por el contrario, debe alejarse de la realidad. La escena no es la realidad, ni siquiera una copia de ella, es algo mucho más intenso, la representación icónica de la realidad, una carga de signos concretos que apenas se parecen a lo que designan y refieren, una metáfora; para esto se sirve de todos los artificios semánticos y sintácticos del discurso dramático que puedan recordar la mentira teatral.

Victoria Leal

Horrible cartelera


El problema de la cartelera de Santiago no es que cada vez estén más separadas las aguas entre las multisalas y los cine arte. No, porque cadenas como Hoyts han demostrado que a veces se puede tener una o dos salas mostrando películas con un lado más difícil. Y si miramos las salas de cine arte, su calidad de tal no asegura la calidad de las películas. El problema es, que no llegan suficientes películas interesantes. Las grandes distribuidoras nos hacen creer que la industria está convertida en una gran caja de bazofia. No debiera ser así. No necesariamente. La prueba está en que, pese a los síntomas de sequedad creativa de los grandes estudios, en márgenes de su producción ?a la orilla, podríamos decir, porque tampoco se trata de películas marginales, de actores desconocidos o de cintas radicales en su propuesta? se siguen haciendo cintas que, aunque no cambien la historia, si podrían hacer la experiencia de ir al cine algo más enriquecedora.

A modo de ejemplo, ésta es una pequeña lista ?mínima la verdad? de películas que ya debiéramos haber visto en la carteleras de las multisalas, muchas de las cuales con el valor suficiente para comentarse a página entera (si, claro, se estrenaran): ?

The Savages: Dos hermanos, Laura Linney y Philip Seymour Hoffman, maduros, perdidos y medio perdedores también, deben hacerse cargo de su padre enfermo. Película ruda, triste, emotiva y, gracias a Dios, muy lejos de cualquier kitsch enaltecedor del alma. ?

Into the wild: Jugada, engrupida, la última película de Sean Penn puede ser candorosa, pero tiene un amor por el protagonista que uno termina por hacer propio. ?

We own the nigth: Con Mark Wahlberg y Joaquin Phoenix, cuenta la historia de dos hermanos de Brooklyn. Uno es el rey de una disco y el otro es un policía que quiere usar a su hermano como informante. ?

Cassandra?s dream: La penúltima cinta de Woody Allen sale del mundo rico para meterse en un Londres más clase media, donde dos hermanos (Colin Farrell e Ewan McGregor) deben probar hasta dónde quieren llevar su ambición. ?

Dan in the real life, Strange wilderness: Dos comedias. La primera, más sensata, de enredos, tiene a dos hermanos enamorados de la misma mujer. Sin ser fundacional, ayuda a conservar un género viejo como el hilo negro. La segunda es bastarda, desquiciada, donde un inepto debe hacerse cargo del programa de televisión de su padre. Totalmente idiota, totalmente cómica. ?

Death proof: La última de Tarantino, sexy, violenta, filmada con lujuria cinematográfica. Y hay otras, que este comentarista, no ha visto, pero que tiene la ilusión de ver en pantalla grande: ?

Control: el primer largo de Anton Corbijn, el veterano director de videoclips, que cuenta la vida de Ian Curtis, el vocalista de Joy Division, que se suicidó a los 23 años. ?

Boarding gate: la última película en inglés de Olivier Assayas. Pudimos ver Clean (2004), ¿será mucho pedir ésta? ?

Zwartboek (Black book): el regreso de Paul Verhoeven a filmar a Europa. Nazis, sexo, traición, Holanda. Promete. ?

I?m not there: la cinta en torno a Bob Dylan, con Cate Blanchett como Bob Dylan, por la que fue postulada al Oscar.

La explicación para que estas cintas, y quizás cuantas más, tarden tanto en llegar que lo más probable es que vayan directo al DVD, está en el criterio de importación de los grandes distribuidores, que parece ser éste: películas con buena recaudación en Estados Unidos, o sea, si funcionó en Nebraska debería funcionar aquí. Pero el público chileno no es equivalente al público estadounidense. Como promedio, tenemos gustos más sofisticados, más sensibles, más abiertos a los márgenes, porque justamente pertenecemos a ellos. El mismo hecho de que los estrenos de la semana ocupen sendos espacios en los suplementos culturales es síntoma. O que las buenas películas sean objeto de conversación entre adultos. Si, como público, nos parecemos, deberíamos acercarnos, intuyo, al público de la costa este de Estados Unidos. O de California. El problema de este estado de las cosas es que le está dando al público una razón sustantiva, valórica, más allá del simple precio, para ir al mercado pirata: tener acceso a las películas que no llegan. La industria protesta por la proliferación de esta práctica, pero con una cartelera como la actual, sostenidamente deficiente, no hace más incentivarla.

Ernesto Ayala www.el mercurio.com


Death Proof


No hace mucho alguien me planteaba la necesidad de hacer un cine que brote naturalmente; una especie de vómito que contenga en sí mismo la forma, el fondo, el subtexto, la estética, y todo aquello que forme parte de una película. En otras palabras me sugería un todo indivisible, una manera de crear que lleve en su esencia unidos, como en una sola parte, los distintos elementos que confluyen en el cine. Debo reconocer que me costó un rato captar lo que me estaban planteando, pero cuando este tipo hizo una relación analógica con el rock, con ese rock más visceral que es una especie de masa energética que brota instantáneamente, creo que capté el fondo del asunto. Claro, seguramente Nirvana o The Stooges pasaban horas haciendo arreglos cuando grababan sus discos, pero no me cabe duda que la esencia básica de sus canciones había nacido de un acto impulsivo, de las mimas tripas del autor, de un escupitajo musical, y eso evidentemente se nota en sus discos.

Exactamente lo mismo pasa con Tarantino, al menos esa es mi teoría. Rodríguez le propuso la idea de hacer dos películas bajo el concepto Grindhouse (salas de cine norteamericanas donde se daban rotativos de películas B), entonces se le ocurrió hacer una película de autos tipo cine B, vio todas las películas habidas por haber del subgénero, las citó cómo y cuánto pudo, y apenas estuvo listo dijo “acción”. Obvio que hubo un guión, obvio que la dirección de foto no se hizo en el momento sin previa preparación, obvio que hubo una preproducción, obvio que se editó, obvio que la película se hizo con el rigor que se hacen las películas, y millones de obvios más… pero todo eso no quita en nada que la película haya sido en su esencia un impulso, al más puro estilo del más desgarbado rock and roll. Por eso cuando hablo de Death Proof, hablo de un todo indivisible. La fotografía, el arte, la música, los personajes, etc. forman una película que no se puede concebir por partes, y que es sólo separable en cuanto análisis minucioso, pero nada más. Incluso la misma historia, que en la mitad de la película cambia de personajes y de estética, no es divisible, porque su gracia precisamente redunda en ese tipo de operaciones.

Es sin duda este modo de hacer visceral lo que, no sólo enriquece la película, sino que también le abre opciones, todas bajo un carácter referencial. Así Tarantino se permite audacias tan interesantes como rayar la película, cambiar las texturas, pasar de color a blanco y negro y nuevamente a color, situar a algunos de sus personajes en períodos de tiempo que parecieran ser una cruza entre los 70 y los 2000, y terminarlo todo con uno de los finales más brillantes que he visto en mi puta vida. Y es que estos elementos no son gratuitos, forman parte del tipo de errores o de decisiones estilísticas que las películas que se exhibían en los Grindhouse solían tener.

Death Proof es una película de estilo, llena de citas y referencias a filmes como Faster Pussy Cat Kill Kill (1965) y Vanishing Point (1971). Junto a Planet Terror de Robert Rodríguez forman GrindHouse

Felipe Arriagada www.potq.cl



Los 400 golpes



Primer largo de Truffaut, inspirado en referencias autobiográficas. El guión es de Truffaut y de Marcel Moussy. Se rueda en Paris, entre el 10-XI-1958 y el 5-I-1959. Gana 2 premios de Cannes (director y OCIC) y es nominado a 2 Oscar (film lengua no inglesa y guión). Dedicado a André Bazin, editor de "Cahier de Cinèma" y producido por Truffaut, se estrena el 4-V-1959 (Festival de Cannes).

La acción principal tiene lugar en París en 1957/58. Es la primera entrega de cinco sobre la vida de Antoine Doinel, de 12 años, hijo de una pareja disfuncional, con problemas conyugades de estabilidad y fidelidad. Antoine se encuentra en la difícil etapa de la adolescencia y necesita cariño y apoyo. Le gusta la libertad, la independencia, el cine, las marionetas y la lectura. No le gusta ni el colegio ni la gimnasia.

La película extiende una mirada sensible y tierna sobre la adeolescencia y sus problemas. Adopta los postulados de la "nouvelle vague", como el realismo, la sencillez y sobriedad narrativa, el humor sutil, la renuncia a la artificiosidad y al efectismo, la objetividad del relato y un grato tono artesanal. Truffaut, Godard, Rohmer, Resnais, Chabrol, Rivette y otros miembros del movimiento, aportan al cine francés un fuerte impulso, nuevos bríos e ideas renovadoras. El personaje principal está definido con acierto. Sus relaciones con los padres, maestros, condiscípulos y amigos, complejas y diversas, son objeto de un cuidadoso análisis, más recio y profundo de lo que parece. Hay que prestar atención a las indicaciones que el realizador asocia a pequeños detalles, gestos en apariencia poco trascendentes y reacciones contenidas. Las imágenes de Truffaut son portadoras de una rica y densa información, que reclama la atención del espectador. Apasionado de la cultura, Truffaut rinde homenaje al cine ("Paris nos pertenece", Rivette; "Cero en conducta", Jean Vigo; "Ciudadano Kane", Welles) y a la literatura (Balzac). Analiza instituciones sociales tan importantes como la familia, la escuela, los servicios sociales para menores, etc.

La música, del cantautor Jean Constantin, se presenta en fragmentos breves. Se basa en un motivo central melancólico y en variaciones del mismo. Destacan los temas "Prólogo", "École buissonnière", "Trinité et Finale", "Balzac et gymnastique" y otros. La fotografía, de Henri Decae, se rueda en los lugares de la acción y ofrece un eficaz y acertado trabajo de cámara, con planos picados, reflejos en cristales, giros, imágenes congeladas, "travellings" y filmaciones máquina en mano.

Película de notable valor documental. Trata temas todavía de actualidad y mantiene su capacidad de fascinación. Imprescindible para cinéfilos.

Miquel


http://www.filmaffinity.com/es/reviews/2/258365.html

Truffaut


Siempre he preferido el reflejo de la vida a la vida misma. Si he elegido los libros y el cine desde la edad de once o doce años, está claro que es porque prefiero ver la vida a través de los libros y del cine.

Un día de 1942, impaciente como estaba por ver la película de Marcel Carné 'Les Visiteurs du soir', que echaban por fin en mi barrio, en el cine Pigalle, decidí faltar a la escuela. La película me gustó mucho, y esa misma tarde mi tía que estudiaba violín en el Conservatorio, pasó por casa para llevarme al cine. También ella había elegido 'Les Viseteurs du soir', y como por supuesto yo no iba a confesar que la había visto, tuve que volverla a ver disimulando para que no se diera cuenta. Fue exactamente aquel día cuando caí en la cuenta de hasta qué punto puede ser emocionante profundizar más y más íntimamente en una obra que se admira y llegar hasta hacerse la ilusión de que uno revive su creación. Experimentaba una gran necesidad de entrar dentro de las películas y lo conseguía acercándome más y más a la pantalla para así abstraerme del resto de la sala. Desdeñaba las películas históricas, las de guerra y los westerns porque resultaba más difícil identificarse con ellas. Por eliminación no me quedaban más que las policíacas y las de amor (...) Es comprensible pues, que me sedujera desde el principio la obra de Alfred Hitchcock, consagrada por entero al miedo, y después la de Jean Renoir, inclinada hacia la comprensión: "Lo terrible de este mundo es que todos tienen sus razones" ('La regla del juego'). La puerta estaba abierta y yo dispuesto a empaparme de las ideas y las imágenes de Jean Vigo, Jean Cocteau, Sacha Guitry, Orson Welles, Marcel Pagnol, Lubitsch, Charlie Chaplin, de todos aquellos que sin ser inmortales "dudan de la moral de los demás" ('Hiroshima mon amour'). El cine en este período de mi vida actuaba como una droga hasta el extremo de que el cine-club que fundé en 1947 llevaba el pretencioso pero revelador nombre de "Círculo cinémano". No era raro que viese la misma película cinco o seis veces en el mismo mes sin ser capaz luego de contar correctamente el argumento, porque, en un instante preciso, una música que subía de volumen, una persecución en la noche, el llanto de una actriz, me emborrachaban, me arrebataban y me arrastraban más allá de la película."

Boris. sacado de www.truffaut.eternius.com/escritos_truffaut_1.htm

Las Huachas


Por: Federico Zurita Hecht. / Fotos: Carolina Amos.

Bella Ninet (personaje interpretado por Tamara Acosta) es una joven chascona que esconde su rostro detrás de unos lentes con un inmenso marco negro. La muchacha relata, con la naturalidad de quien está acostumbrado a la desgracia, una serie de muertes y viaja de San Rosendo a la ciudad de Valparaíso. Allí está la casa de su madrina Gabriela (Alexandra von Hummel), donde se entera de que ésta es, en realidad, su madre y que su padre es el mismísimo diablo. “Convertío en Tué-Tué se me apareció un brujo. Me enamoró. Monedas de oro me traía y a cambio yo le prestaba el cuerpo. Un día apareció de negro, zapatos bien lustrados y dentadura de oro. No soy brujo, dijo (…) dame un hijo, dame una hija y te hago cosa mía. Me había engañao, le enterré un tenedor, le clavé una estaca, lo maldije y lloré, pero él se reía y volaba. Aparecieron sus duendes, me sacaron la ropa a tirones y me desmayé. Amanecí toa ensangrentá, con moretones y esperma del maligno entre las piernas”, le relata Gabriela a su hija. La vieja quiere echarla, pero Bella Ninet, a diferencia de la primera vez que su madre la echó -cuando era sólo una guagua- se resiste a ir y a seguir siendo una huacha. Este es el comienzo de la obra Las huachas, el nuevo montaje de la compañía Teatro la María, escrita y dirigida, como ha sido usualmente en el trabajo de esta compañía, por Alexis Moreno (Trauma y Abel, como ejemplos de una lista larga).

Pronto aparece la yegua (encarnada por Rodrigo Soto y José Palma, la parte de arriba de la yegua y la de abajo respectivamente), que debe dividirse para poder dialogar e instalar -en la acción dramática- el cuestionamiento a la historia mítica que Gabriela le ha contado a Bella Ninet. “El impacto de la realidad genera verdades folclóricas (…) los huachos son criaturas de origen perverso. Todo tiene dos explicaciones según la creencia popular. Una niña que deja a su hijo botao por despecho, no es interesante, no, pero una niña que deja a su hijo botao y después se arrepiente y se transforma en un ánima que vaga por toda la eternidad es sabroso, como la llorona esa: que dónde está su hijo, que dónde está (…) que los huachos conforman realidad, identidad, patrimonio”, dice la parte de abajo de la yegua. “Existen dos formas de contar una historia, una real y otra mítica (…) la culpa, la resignación, la rebelión, la precariedad es muy grande, la vergüenza es muy grande, la vergüenza es imposible de contener en esta vida que se debe poner otra encima. La vida es rara, puta que es rara la vida”, continúa la parte de arriba, que luego agrega, “que vengan los mitos que los necesitamos, las leyendas que vengan, para seguir adelante, para aceptar, para hacer algo útil con la ignorancia, para que nazca la esperanza de lo espectacular, para que el problema sea sobrenatural, la tragedia, la miseria”. Habría que agregar que de esas dos formas de contar la historia una, en efecto, sería mítica; mientras que la otra, en cambio, sólo generaría la ilusión de realidad pero, finalmente, sería tan ficticia como la historia mítica. Este desacuerdo que planteamos con el parlamento de la parte de arriba de la yegua no es un problema, porque, en efecto, habría intentos míticos de hacer creer que los problemas son sobrenaturales y, por tanto, irremediables; para así eludir la responsabilidad que corresponda (como si las cosas efectivamente tuvieran sentido y hubiera que estarse excusando). Por eso, Bella Ninet, en su orfandad, se convierte de un día para otro en la hija del diablo. El mito que dialoga con al realidad, se vuelve parte constituyente de ésta (para bien o para mal).

La realidad que Gabriela le ofrece a su hija reconforta a ésta y, con un rock gótico de fondo, Bella Ninet puede tener una cena familiar en una mesa que bien podría haber sido sacada de alguna película de Peter Greenaway. Esas tripas que el diablo le pone en el plato a Bella Ninet la manchan, finalmente, con la sangre mítica y real (recordemos nuestra discusión con la parte de arriba de la yegua). Real como la condición huacha de una nación que ostenta un padre de la patria huacho, bajo el cielo de un dios mítico y que, por tanto, deja a toda la humanidad como una gran familia de huachos.

Las huachas
Dirección: Alexis Moreno.
Elenco: Tamara Acosta, Alexandra von Hummel, José Palma y Rodrigo Soto.
Duración: 1 hora 38 minutos.
Compañía Teatro la María.

Teatro de la Universidad Católica. Jorge Washington 26, Plaza Ñuñoa.
Desde el 11 de julio al 13 de septiembre.
Funciones miércoles y jueves 20:30 hrs. viernes y sábado 21:00 hrs.
Precios general $ 6.000, estudiante $ 3.000 y 3ª edad $ 4.000.
Miércoles populares $ 3.000.


Pau. sacado de www.indie.cl

Ser adolescente en el Cine



Hay quienes dicen que el adolescente lo inventó James Dean. Puede ser un poco exagerado, pero antes de los 50 (Rebelde sin causa es del 55), era difícil encontrar adolescentes. Es más, si uno busca como keyword “teen” en imdb, aparece una lista gigante de películas, que puede acotarse, por subgéneros o por décadas.

La primera, es la de los 50.

Holden Caulfield, el adolescente con problemas por excelencia, del cual nuestro Matías Vicuña (de Mala Onda), es hijo...por no decir clon, también se encumbró en esa década.

Antes que él, al menos en el cine, o se era niño, o se estaba en una especie de limbo que abarcaba la etapa comprendida entre los 12-13 años y los tempranos 20, en que, básicamente, se era un adulto, pero más chico. No existía identidad propia en términos de vestuario y obviamente, como no se diferenciaban mayoritariamente de los adultos (o de los niños -el cambio era brusco, no esta transición que existe hoy-), no existían subculturas, tribus urbanas, ni ninguna otra forma de diferenciación que los medios o la publicidad inventan, etiquetan o dan a conocer (según sea el caso).

En cuanto al cine…

Si bien habían luces de lo que podía ser la figura del adolescente, siempre estos tuvieron forma de niños.

Clásico es el ejemplo de Cero en Conducta, de Jean Vigo.

Pero en los años 50 apareció Dean y la cosa cambió. Luego, aunque un poco mayor llegó Brando.

Y si bien, por edad, no cabe en esta categoría, el Antoine Doinel de Los 400 Golpes es un claro ejemplo de ese concepto tan manido, conocido como Teenage Angst (angustia adolescente, infantil en el caso de Doinel), y su plano final frente al mar, parece influencia innegable, en cineastas como Ezequiel Acuña, director trasandino que con dos películas, parece ir bien encaminado en esto de retratar adolescentes (Nadar Solo, y mi favorita: Como un avión estrellado).

En los 60 y 70 aparecieron cintas clásicas, que, evidentemente, influenciaron a los cineastas que vinieron después.

A modo de ejemplo tenemos American Graffiti (73), If…(del 68, que a su vez estaba influida por Cero en Conducta) o Harold & Maude (del 71)que, a decir verdad, no sé si Wes Anderson la ha reconocido como influencia, pero es claramente una película que podría haber dirigido él. También sobra mencionar La Naranja Mecánica (también del 71 y también protagonizada por Malcolm McDowell, nuevamente interpretando a un adolescente ultra violento).

Carrie -el 76- hizo lo propio.

Llegando a los 80, no podemos dejar pasar a John Hughes:

Sixteen Candles, Ferris Bueller’s day off o The Breakfast Club, pese a las ingenuidades, a los chistes dignos de un sketch escolar, o a las miradas a cámara innecesarias (sobre todo en Sixteen Candles, en F.B.D.O. se justifican, y en T.B.C. no hay), con el sólo propósito de forzar una sonrisa (a estas alturas no lo logran, sino que dan un poco de vergüenza ajena y rompen el cuarto muro innecesariamente –a diferencia de películas como Annie Hall o High Fidelity que lo consiguen con éxito-), son claros referentes culturales .

Basta recordar el capítulo de The Simpsons en que Bart hace la cimarra y Skinner lo persigue, para darse cuenta del alcance de FBDO, o el episodio de Dawson’s Creek (serie de adolescentes) en que el castigo es tener que pasar una mañana encerrados en la biblioteca –TBC- o en la misma serie, el primer capítulo de la tercera temporada, que es una referencia clara a Risky Bussiness, película que también homenajean en otra serie heredera en parte de la tradición de Dawson’s Creek y Beverly Hills 90210: The OC.

Aparecen también cintas como Heathers, Porky’s, La venganza de los nerds, la saga de Volver al futuro o Say Anything, película que vino a modificar un poco los estereotipos clásicos: Lloyd Dobler era tímido con las mujeres, pero no tanto. Era antisocial, pero popular. Le iba mal en el colegio, pero no era tonto. El concepto de nerd estaba cambiando y parece ser el padre de personajes como Max Fischer (Rushmore) o el abuelo de Pacey Witter y Seth Cohen (Dawson’s Creek y The OC, respectivamente).

Los adolescentes ya se habían establecido y hacer películas sobre ellos era rentable. Había un grupo etario con características particulares y poder adquisitivo que valía la pena explotar.

Los 90’s fueron un período de transición. Surgieron los adolescentes de American Pie, una película heredera del humor ochentero, pero traído a la actualidad. Pero eso ya más cercano al final. En sus comienzos, la época del grunge, el auge de MTV y la generación X nos entregó películas como Reality Bites, y aunque no tan teenagers, conservan la moral adolescente Jesse y Celine de Before Sunrise, dirigida por Richard Linklater, quien un par de años antes nos había deleitado con una de las mejores películas sobre el teen spirit noventero, aunque estuviera ambientada en los 70’s: Dazed and Confused.

Kevin Williamson refrescó el terror adolescente, al hacer un slacker film que a su vez se reía del género del que era heredera (Scream) y además nos entregó un conjunto de adolescentes con hiperelocuentes y llenos de problemas en Dawson’s Creek.

En los 2000 (o al menos lo que llevamos), los adolescentes (como eje central de una película, con la angustia propia de la edad y lo complejo que ello resulta) se han visto envueltos en películas de ciencia ficción (Donnie Darko), film noir (Brick) y otros géneros híbridos (Chumscrubber), además de verse reflejados en películas de realizadores cada vez más jóvenes, que, gracias al uso de tecnologías digitales, o a la cada vez más fuerte educación de las escuelas de cine y sobre todo, gracias a que las grandes productoras han abierto submarcas dispuestas a realizar un cine que, si bien, no es garantía de calidad, al menos sí asegura una suerte de honestidad en sus propuestas (léase: Fox Searchlight, Warner Independent, por ejemplo).

De esta forma han salido, desde las más conocidas como Juno, hasta películas como Thumbsucker, Art School Confidential y Ghost World, Igby Goes Down, Battle of Shaker Heights (película ganadora de Project Greenlight), Charlie Bartlett, The Wristcutters: A love story, Rocket Science, The Squid and the Whale y muchas más…

Y en Chile…

Ha habido algunos intentos. XS: la peor talla, era un buen telefilm (de hecho, así se pensó originalmente) pero el formato cinematográfico le quedó grande.

Se agradece Promedio Rojo el 2003. Con sus defectos, no deja de ser una película honesta en sus intenciones y explícita en sus referentes, a los que creo, sirve como un más que decente homenaje.

Sangre Eterna también hizo un intento por hacer un cine de adolescentes “de género” (término bastante absurdo, a menos que pretendamos que el drama costumbrista, por ejemplo, no es un género).

Se arrienda, era sobre un treinteañero, pero con problemas bastante adolescentes.

Normal con alas es lo último que ha salido en nuestras pantallas que tiene algo que ver con el grupo etario al que hemos estado haciendo alusión. Entretiene, sin embargo, al hacer uso del formato del falso documental, lo que gana en “chistes” –gracias al uso de recursos humorísticos propios de este formato- lo pierde en cercanía e identificación que uno como espectador puede sentir con los personajes.

Lo que creo que, en este tipo de películas, al final, es lo más importante porque aunque todos hablan del niño que tenemos dentro, a la hora de los problemas, las angustias y las complicaciones propias de la vida, es el adolescente en nuestro interior el que se está manifestando.

Gianfranco Raglianti