Fausto


La antigua leyenda de Fausto y su pacto con el demonio tentó a innumerables escritores. Publicada en dos partes, en 1808 y 1833, respectivamente, la versión de Wolfgang von Goethe, habría de perdurar entre las obras más hermosas de la literatura universal, tanto por su sabiduría como por su belleza poética.

A lo largo de la historia de la música han sido muchos los compositores que han concebido obras inspiradas en esta leyenda y específicamente en la vertiente literaria emanada del trabajo de Goethe.

En el campo de la música escénica figuran con mayor fuerza tres grandes óperas que con mayor o menor apego siguen la obra de Goethe: “Mefistófeles” de Arrigo Boito, “La condenación de Fausto” de Hector Berlioz y “Fausto” de Charles Gounod.

La producción operística de Gounod (1818–1893) acumula una docena de títulos, la cual con la excepción de “Romeo y Julieta” es bastante desconocida, ya que se ha visto opacada frente al gran éxito y difusión que ha alcanzado “Fausto”, su cuarta ópera en orden cronológico de composición.

A los veinte años de edad Gounod se trasladó a Italia, por haber ganado el codiciado Premio de Roma con su cantata “Fernand”. Allí estuvo tres años y fue en estos momentos cuando el joven compositor manifestó su interés por poner en música el drama de Goethe.

A partir de entonces y en el curso de las dos décadas siguientes fue escribiendo los temas de los diferentes episodios que el desarrollo de la obra iba sugiriéndole. Se señala que una de las primeras aproximaciones a la composición de lo que aún no se visualizaba ni como ópera ni como cantata fue la escena de la noche de Walpurgis, que luego ocuparía el comienzo del quinto acto de la ya planeada ópera “Fausto”.

El paso decisivo para encarar esta ópera vino cuando Charles Gounod presenció la obra teatral “Fausto y Margarita” de Michel Carré. Por entonces el compositor estaba en los preparativos para estrenar “Sapho”, su primera ópera, y fue a través del libretista de esta obra que Gounod conoció a Jules Barbier, quien ya tenía redactado un libreto sobre “Fausto” que Jacobo Meyerbeer había rechazado.

Fue este un momento que Gounod no quiso dejar pasar y pidió a Barbier que solicitara a Carré los derechos para poder fusionar ese libreto ya disponible con elementos de su “Fausto y Margarita”. La aprobación llegó y en 1857 Jules Barbier y Michel Carré aceptaron el encargo de Charles Gounod de confeccionar un libreto definitivo, en el cual éstos restaron importancia a los aspectos filosóficos del original literario y dieron un peso más gravitante a la relación amorosa entre Fausto y Margarita.

En esta labor de redacción del libreto, no obstante señalarse que fue un trabajo conjunto de Barbier y Carré, debe puntualizarse que fue Jules Barbier el que realizó una labor mucho más importante.

Una vez que el proceso de composición hubo terminado, “Fausto” fue ofrecida al Teatro de la Opera de París, pero su empresario no la aceptó. Así entonces, fue Leon Carvalho, director del Teatro Lírico de París, quien la acogió, pero postergando en un año su estreno debido a que otra ópera relacionada con el mismo tema de Goethe seria presentada en fecha cercana en la capital francesa.

A modo de reivindicación ante este atraso, Carvalho pidió a Gounod componer una ópera más liviana para presentarla en el intertanto, y así fue como surgió “El médico a palos”, basada en la obra de Voltaire. Esta tuvo un libreto de la misma dupla Barbier-Carré y fue estrenada en la Opera de París, en enero de 1858.

Pasada la forzada espera, “Fausto” tuvo definitivamente su estreno el 19 de marzo de 1859 en el Teatro Lírico de París, con éxito sólo moderado. Luego se agregaron los recitativos cantados, nuevos fragmentos, e incluso un ballet en el quinto acto, acercando cada vez más la obra a los cánones de la “Gran Opera” francesa.

Para “Fausto” pronto comenzaría una carrera de triunfo, que la convertirían, junto a “Carmen” de Georges Bizet, en la ópera más famosa del repertorio francés. La popularidad de “Fausto” en la segunda mitad del Siglo 19 fue enorme, con una altísima frecuencia de representaciones no sólo en París, sino también en muchas otros grandes ciudades. En Londres, por ejemplo, desde su estreno en 1863 fue representada todos los años por cinco décadas. “Fausto” fue también la ópera elegida para inaugurar el Metropolitan Opera House de Nueva York, en 1883.

En el plano anecdótico señálese que en Alemania la ópera adoptó el título de “Margarita”, la heroína de la obra. Y esto porque los germanos consideraron inapropiado cuando no indigno el título de “Fausto” para una ópera cuyo libreto no respetaba a Goethe.

ARGUMENTO

“Fausto” se desarrolla en cinco actos, que toman lugar en Alemania, en el Siglo 16.

Acto primero

En su estudio, el anciano Doctor Fausto decide poner fin a su vida bebiendo un veneno. Al oír desde el exterior los cantos del día de Pascua de Resurrección siente nostalgia de su juventud y llama al demonio a que venga en su ayuda.

Al momento aparece Mefistófeles, quien le ofrece fortuna, gloria y poder, pero a Fausto sólo le interesa la juventud. Mefistófeles esta dispuesto a darle la eternidad, pero a cambio de su alma. Como Fausto duda, el Demonio hace aparecer la imagen de la bella Margarita, una joven del pueblo, lo que convence al Doctor, quien firma el pacto.

Entonces el viejo se transforma en un joven ricamente vestido, listo para emprender una serie de aventuras guiado por Mefistófeles.

Acto segundo

La acción transcurre en una animada taberna, durante la kermesse de Pascua de Resurrección.

Un grupo de soldados se va a la guerra. Entre ellos está Valentín, llevando al cuello una medalla de su hermana Margarita, como signo de protección. Valentín encarga a Siebel, un adolescente, que cuide de su hermana.

Aparece Mefístófeles e interrumpe los cantos con una canción propia y predice a Valentín su próxima muerte. Cuando Mefistófeles interviene sobre el vino de la taberna todos se dan cuenta que es el mismo diablo y lo hacen huir mostrándole sus espadas en cruz.

Mefistófeles aparta a Fausto hacia otro lugar, por donde pasa la modesta y sencilla Margarita a quien Fausto aborda sin éxito aparente.

Acto tercero

El joven Siebel coloca flores en la puerta de la casa de Margarita, pero el Demonio hace que se marchiten.

Siebel toma agua bendita y rocía sus nuevas flores con el líquido. Ahora el diablo no puede marchitarlas.

Mefistófeles lleva a Fuasto ante la casa de Margarita, donde el ahora joven galán admira la sencillez de su vida. El diablo coloca un pequeño cofre con joyas y un espejo sobre un asiento; cuando viene Margarita, impresionada por su encuentro con Fausto, aparta las flores y toma las joyas, con las que se adorna coquetamente.

Mientras Mefistófeles entretiene a Marta, la vecina de Margarita, ésta se deja seducir por Fausto, a quien el demonio empuja para que entre en la casa con ella.

Acto cuarto

Cuadro Primero

Habitación de Margarita. La muchacha espera un hijo de Fausto, al que no ha vuelto a ver. Margarita lamenta su destino, mientras recibe las burlas de los antiguos amigos que pasan bajo su ventana.

Sólo Siebel se mantiene fiel a ella y viene a consolarla, ofreciéndose luego a vengarla, pero ella sólo espera la ayuda de Dios y va a una iglesia.

Cuadro Segundo

En el Interior de una iglesia, Margarita suplica a Dios que escuche su plegaria, pero se interponen las voces del Infierno, en especial la de Mefistófeles, que le anuncia que su alma está perdida.

Los cánticos religiosos son sobrepasados por las voces de los demonios que maldicen a Margarita, quien se desmaya ante tanto tormento.

Cuadro Tercero

Plaza cercana a la casa de Margarita. Desfila una tropa de soldados victoriosos, donde viene Valentin. Al ver a Siebel, le pregunta por Margarita y se entera que ella ha ido a la iglesia. Al partir los soldados, Valentin entra a su casa, pese a las advertencias de Siebel.

Llegan Fausto y Mefistófeles, quien canta una serenata sarcástica que Fausto prefiere no escuchar.

La puerta se abre, pero quien aparece es Valentin, reclamando una explicación. Fausto y Valentín se baten a duelo, resultando victorioso el primero, quien huye junto a Mefistófeles. Llegan unos vecinos, Marta y luego Siebel y Marguerite.

Valentin, moribundo, maldice a su hermana.

Acto quinto

Cuadro Primero

Montañas del Hartz, donde tiene lugar la “Noche de Walpurgis”. Mefistófeles guía al horrorizado Fausto. Buscando hacerlo olvidar a Margarita, el demonio transforma el siniestro paisaje en un sitio encantado al que acuden las almas de los muertos, brujas y duendes, y también las bellezas de la antigüedad: Cleopatra, Aspasia, Taïs y Helena de Troya.

Fausto se une al grupo en un brindis, pero súbitamente aparece ante él la visión de Margarita, pálida y silenciosa, con la seña de una herida. Fausto pide entonces a Mefistófeles que lo lleve de inmediato hacia ella.

Cuadro Segundo

Margarita está en la cárcel por haber matado a su hijo, y será ejecutada al amanecer. Gracias a las llaves que Mefistófeles le ha robado al carcelero, él y Fausto entran en la celda mientras ella duerme.

Fausto echa a Mefistófeles y despierta a Margarita, quien lo reconoce con alegría. El demonio regresa, apresurando el escape, pero Margarita retrocede aterrada al escuchar esa voz.

Los apremios son en vano: la muchacha encomienda su alma a Dios y cae muerta; “condenada” según Mefistófeles “salvada” según las voces celestiales. El techo de la celda se abre para dejar subir al cielo el alma de Margarita.

Fausto cae de rodillas y Mefistófeles se hunda hacia las entrañas de la tierra bajo la luminosa espada de un ángel.

La ópera concluye con el Himno Pascual de la Resurrección entonado por un triunfante coro.

Música 28 oct 2008 sacado de www.beethovenfm.cl

Educando a Rita




En Educando a Rita,el profesor anárquico y bebedor,que se salta los esquemas y convenciones universitarias,vuelve a ellas debido a las enseñanzas de una joven de barrio con poca cultura pero con unos deseos obsesivos de cambiar,de ser otra persona.
La película entera es un canto a la libertad en la educación y un recorrido por la dependencia que cada uno de los protagonistas tiene en sus criterios y experiencias.En los últimos momentos de la película se nos permite adivinar que tanto la alumna como el profesor se han ayudado a cambiar mutuamente y se han liberado.


Susan
, una peluquera aburrida con su vida y agobiada por las presiones de su marido para que tengan hijos, se apunta a clases de literatura en la universidad para sentirse mejor consigo misma. Susan cambió su nombre por Rita, debido a la escritora Rita Mae Brown. El profesor de la universidad abierta (Open University) a la que asiste, Frank Bryant, le enseña a conocerse a sí misma y a tomar sus propias decisiones libremente. Frank admira su libertad y espontaneidad y la enseña a valorarse a sí misma por lo que es y no solamente por lo que puede aprender. A medida que Rita va aprendiendo, la relación con su marido se hace cada vez más distante. El profesor tiene a su vez problemas con la bebida y de identidad personal y profesional. Rita le ayudará a su vez a encontrar su camino.

Algunos tema para iniciar el debate

Educando a Rita explora temas como las estrategias de inclusión de las instituciones educativas, la educación permanente, la educación abierta, la educación a distancia, el aprendizaje de los adultos, el apoyo o la falta de apoyo de los familiares y amigos hacia el adulto que aprende, el peso de los antecedentes educativos, las expectativas y prejuicios del docente respecto del rendimiento académico de los estudiantes, la disposición hacia el aprendizaje, las transformaciones personales basadas en aprendizajes, los criterios para la evaluación de los desempeños de los estudiantes, el valor de la socialización en las instituciones de nivel superior, las tutorías.

El afiche de la película permite apreciar la idea del tutor como sostén y como guía para el crecimiento. Se dice de Educando a Rita que es un viaje hacia el autodescubrimiento, un cuento de hadas con final abierto, un documental social.

La historia de Rita se sitúa en la Open University, una institución pionera que comenzó a funcionar en abril de 1969, que tuvo sus primeros desarrollos en actividades de extensión universitaria cubriendo actualización profesional, temas sociales y comunitarios y temas de interés personal y que posteriormente expandió sus programas de grado y más tarde de postgrado universitario. Fue creada en función de la creencia de que las tecnologías de la información y la comunicación podían promover aprendizajes de alto nivel de calidad a personas que no hubieran tenido la oportunidad de asistir a universidades convencionales y dar de este modo una solución al problema de la exclusión. A partir de la década del ´70, muchas instituciones y programas de nivel superior de todo el mundo siguieron sus pasos y adoptaron o adaptaron su modelo con éxito.


Analizar los personajes


Rita/Susan (Julie Walters)

  • Su entorno familiar. Marido. Padres. Boda de su hermana. Reuniones en el pub. Aspiraciones familiares. Machismo.

  • Su ansia de aprender. Sus deseos de cambio. Cambios de humor. Vida con su marido. Peluquería. En el restaurante. Con su compañera de piso. En la universidad.

  • ¿Qué cambios se producen a lo largo de la película en su comportamiento y en la percepción de su aprendizaje?

  • Recordar personas o situaciones con alguna similitud a las de Rita o su familia.

Frank Bryant (Michael Caine)

  • Su entorno universitario. Esposa. Claustro. Rector. Otros.

  • Su desilusión por la enseñanza y la poesía. Su alcoholismo. Sus relaciones con los alumnos universitarios. Su comportamiento en la universidad.

  • Su relación con Rita. Como profesor. Como persona.

  • ¿Qué cambios se producen a lo largo de la película en su comportamiento?

Las relaciones entre ellos

  • ¿Que les hace cambiar mutuamente?

  • ¿Qué aprende Frank de Rita?

  • ¿Qué aprende Rita de Frank?

  • Interpretar el final en el aeropuerto

Las relaciones profesor-alumno en tu entorno

¿En qué se diferencian de las de la película?

¿En qué se parecen?


Frank Bryant/Michael Caine da a leer a Rita/Julie Walters un poema de Blake y descubre sorprendido que ella ya lo conoce:

¡Oh rosa, enferma estás!

gusano invisible que vuela en la noche

en la aullante tormenta encontraste

el reposo de gozo granate

Y su oscuro secreto, amor,

tu vida destruye


ducando a Rita. Educating Rita

Reino Unido. 1983. 115 min. Color.

Director: Lewis Gilbert.

Montaje: Frank Watts.

Guión: Willy Russell.

Música: David Hentschel.

Intérpretes: Michael Caine, Julie Walters.


Marcelo 20 Oct.2.008

Fesancor


El Festival Chileno Internacional del Cortometraje de Santiago -FeSanCor- es organizado por la Corporación Cultural Arcos, entidad creada con el objeto de abrir nuevos canales de comunicación entre el área de la formación académica, la creación y producción artística y los requerimientos culturales de la sociedad.

En sus 15 versiones anteriores el Festival ha exhibido más de tres mil cortometrajes de todos los continentes alcanzando una cifra cercana a los ciento noventa mil espectadores.

VLeal. 20 oct.2008 sacado de www.onoff.cl

Canal del Estado


Me entretuve recordando las últimas iniciativas del mismo canal que han provocado «impacto»:

-La teleserie sobre un terrateniente del siglo que pasó, explotador y (¡otra vez!) violador. Tema viejo y resobado, pero que han podido tratar con dignidad la novela (Gran Señor y Rajadiablos, de Eduardo Barrios... hace sesenta años justos) y el cine (Julio comienza en Julio... hace treinta). De la teleserie del 7, como de cualquier teleserie, nada era rescatable, salvo quizás la filmación. «Argumento» de radioteatro de los años 40. Personajes planos e inverosímiles, de sentimientos huachacas y diálogos ridículos. Música, o sentimentaloide o efectista. Actuación... ¿qué actuación cabe, con los elementos anteriores, y teniendo además que cerrar cada libreto diario alguna truculencia que deje a su protagonista en foto fija y con una mirada de espanto? Y por fin —es el Estado el que nos entretiene— sexo, mucho sexo explícito y ahora además brutal, y una violencia récord: siete personajes muertos a mano armada en el último capítulo.

-La «elección» del «mejor chileno», ganada estrechamente por Salvador Allende sobre Arturo Prat. No ha sido esto lo importante. De ser inverso el resultado, los vicios de la «elección» hubieran sido exactamente los mismos. A saber: la ninguna seriedad del programa —copiado de un modelo extranjero, por supuesto... NINGUN «éxito» de nuestra TV deja de ser copia—; la forma irregular y manipulable de la selección de los candidatos, y de las votaciones; y —sobre todo— el nivel no primario, sino parvulario, de la presentación, defensa y crítica de las distintas postulaciones. Tan bajo, que en un desayuno con los participantes el Canal les sugirió mediante un memo los «cargos» contra los respectivos candidatos, alrededor de los cuales giraría el debate de TV. Y así se discutiría si Allende era ebrio y «ñoña» la poesía de Gabriela Mistral; si el heroísmo de Prat fue un montaje propagandístico, etc.

Es cierto que algunos de los presentadores de candidaturas superaron (no era difícil) el nivel propuesto por Canal 7, pero no pudieron alterar la disparatada estructura global del programa. De este modo, se convirtió en una chacota lo que hubiese podido ser un análisis serio y pluralista, sin «competencia» ni farándula, de quiénes han sido los mejores chilenos. Algo propio del Bicentenario y del canal que dice ser de todos nosotros.


De estos recuerdos inmediatos pasé al de otros «impactos» anteriores del mismo canal: una cárcel de mujeres (a la cual se le anuncia segunda parte) donde todas las presas y las gendarmes eran sádicas, o lesbianas, o ambas cosas... un señor que cortaba en pedazos a la gente con una motosierra... unos caballeros y damas de «treinta» (años) que se acostaban indiscriminadamente unos con otros, hasta que se agotaron los cruces posibles y terminó la serie...

¿Quién se acuerda de nada de esto? ¿Quién se acordará mañana del «mejor chileno» y del perverso hacendado? ¿Qué valor social, cultural o aun de entretención razonable han tenido tantos esperpentos?


Al obvio daño de formación que ellos producen en niños y adolescentes el Canal responde, muy serio, que transmite sus engendros en horario de adultos, siendo de responsabilidad paterna que —a esa hora— no los vean los menores de edad. ¿Nos hemos detenido a sopesar la insensatez de este argumento? «Reparto cocaína gratis —dirá mañana el Estado—, pero sólo en la calle y después de las diez de la noche. Si la reciben menores, culpa es de los padres por no tenerlos acostados en su casa».


El Canal se jacta, también, de sus transmisiones culturales. Son mínimas y, salvo honrosas pero pocas y espaciadas excepciones —los programas del cineasta Ruiz, por ejemplo—, irrelevantes. Viajes exóticos con comentarios superficiales, o programas «envasados» de las mismas características, y una preferencia por el escándalo y (sorprendentemente) por la irreligiosidad anticatólica.


¿Noticiarios? Los mismos de los otros canales: política menuda, crímenes y en general violencia, fútbol y un paupérrimo servicio exterior.


Hay que repetir la reflexión de siempre. La culpa de todo lo que precede no la tienen quienes producen el Canal 7. Se les exige autofinanciarse, y para ello tienen que ser comerciales, ganar avisos, obtener el «rating» que atrae éstos. Para lo cual hacen lo que hacen todos, en todo el mundo: TV/chatarra. La pregunta, entonces, es otra: ¿para qué necesita el Estado de Chile hacer TV/chatarra? La obvia respuesta: para nada. Y la conclusión, la de siempre: si el Estado de Chile requiere (lo que es muy discutible) una TV propia, «pública», «nacional», auténticamente cultural, etc., ésta no puede ser a la vez TV comercial: debe ser subsidiada. O subsidiarla, o venderla y gastar la plata en algo útil.


Boris 15 oct 2.008 extracto sacado de www.lasegunda.com (Gonzalo Vial)

Frederick Forsyth


A FREDERICK FORSYTH NO LE GUSTA IR a Nueva York porque teme a sus mujeres. Que por qué. Le parecen "terroríficas", con sus carreras universitarias y dispuestas a subir tan alto como los hombres.

-Y ¿por qué no, señor Forsyth?

-Porque hay cosas que las modas no pueden cambiar: a los niños les gusta jugar a matar, las niñas prefieren cuidar muñecos o disfrazarse de enfermeras. No es natural en la mujer escalar montañas.

Tuvo suerte Frederick Forsyth porque la discusión surgió cuando la entrevista estaba a punto de terminar. No había más tiempo pactado, así que... mejor empezar por el principio.

Londres. La ciudad vuelve a su ser después de un largo fin de semana de calor prematuro y luto por la serie de atentados contra minorías sociales. Mangueras y escobones cruzan las aceras del Soho; temprano llegaron los equipos de limpieza a retirar el precioso altar improvisado por la razón a los pies del pub reventado. Al otro lado de la calle, nadie parece conocer al escritor superventas Frederick Forsyth en la recepción del Groucho Club, lugar de encuentro de la modernidad londinense; ciertamente, un marco nada apropiado al personaje.

Estamos ante el hombre que ha inventado el mejor "trabajo" de la historia: jornada continuada de 45 días febriles cada tres años: el resto del tiempo regenta una granja de 450 corderos. El trabajo, además de comodísimo, ya me dirán, le permite lucir todos los distintivos del dinero: sólido bronceado, manicura cuidada a domicilio, rolex tamaño tubérculo y así hasta donde lleguen los 200 millones de pesetas que por término mínimo le granjea cada libro. Ya comprenderán que... pecata minuta la piel de los corderos.

De cualquier modo, es Forsyth un millonario amable y asequible, de formas muy británicas, perpetuamente tocado de camisa rosa, paradójico emblema de una hombría incuestionable. Dijo que lo dejaba, después de 10 novelas (multipliquen), 45 millones de ejemplares vendidos, 42 años escribiendo, 12 de ellos como corresponsal político y de guerras, dos matrimonios, dos hijos, toros, vinos y 60 años de rosas. Pero no, no, no, no, no: Frederick Forsyth sólo había cambiado de montaña. "Compáralo con un explorador que escala el Everest: la primera vez le resulta muy excitante, pero a la décima, seguro que empieza a apetecerle intentarlo con otra montaña. Yo voy a intentarlo con otra montaña. Realmente lo que dije es que no quería escribir más thrillers políticos, porque ya he escrito diez, ¡diez!; y de ahí dijeron que no iba a escribir más".

Pregunta.-Nadie hubiera imaginado que acabaría escribiendo una novela romántica.

Respuesta.-Ésa es la gran jugada: cambiar el estilo, el formato, el tema y buscar un público nuevo.

P.-Realmente esta novela parece un testamento: tanto asunto trascendental, tanta declaración...

R.-Bueno, fundamentalmente es una novela de amor, de un amor que, al ser imposible, primero se convierte en una devoción al dios del dinero y, más tarde, por una cuestión que es el misterio del libro, conduce a una reflexión sobre el alma humana, la redención, el diablo...

P.-¿Qué fue lo que le atrajo de la historia original, El fantasma de la ópera?

R.-Todo surgió hace 18 meses de una cena con Andrew Lloyd Webber, que es el autor del musical y un gran amigo mío, que ha conseguido el mayor éxito comercial jamás logrado a partir de un texto: 40 años en escena a razón de 10 representaciones simultáneas y diarias en todo el mundo, 1,4 billones de dólares de beneficios. Después de haber comido y bebido copiosamente, entre risas empezamos a elucubrar qué habría sido del fantasma, que según la leyenda nunca más fue visto. Probablemente inducido por el vino, dije: yo inventaré el fin de la historia. Una semana después, aquello había ido más allá del chiste. Andrew me pasó una vieja edición del original, un libro desaparecido que nadie ha leído. Descubrí que, mientras que el musical y las películas convierten a Erik en un monstruo cruel, la obra de Gaston Leroux es una historia de amor trágico al estilo de La bella y la bestia.

P.-A juzgar por su prólogo, también debió fascinarle su autor, porque tiene bastante en común con él: ambos se hartaron del periodismo en la treintena y se emplearon en escribir novelas con el único objetivo de ganar dinero.

R.-Sí, los dos fuimos corresponsales en el extranjero y nos retiramos a escribir novelas por dinero. Pero Leroux escribía de una forma furiosa, dos o tres al año, que tenían muy limitado éxito: tres meses y desaparecían, mientras él se gastaba todo el dinero. Murió en 1927 miserablemente.

P.-Una parte considerable de su versión del mito habla sobre la vocación periodística. Han pasado 31 años, señor Forsyth, ¿todavía la echa de menos?

R.-Sí, todavía. Cuando uno ha sido corresponsal extranjero y suceden cosas como ésta de Yugoslavia, desearía estar dentro de Kosovo con el ELK; aunque sabes que te pueden matar. Pero entonces se lo cuentas a tu esposa y lógicamente ella te dice que eres tonto.

P.-Uno de esos personajes periodistas de su novela dice que el periodismo es el mejor trabajo del mundo.

R.-Ese personaje tiene 24 años, y para él, las calles de Nueva York son una aventura tremenda. Yo sentí lo mismo cuando fui corresponsal de Reuters en París a los 23 años, cubriendo los tiempo de Charles De Gaulle: corría tanta adrenalina... Viajaba, conocía gente, veía cosas...

P.-¿No cree que, eso que cuenta de la guerra, más que un trabajo parece una devoción o un veneno adictivo o algo así?

R.-¿Veneno? Sí, puede ser una vocación envenenada. Es algo que se lleva dentro. Si uno es contable y lo deja, no va a echar de menos las columnas de números: oh, qué maravilla. No. Pero hay trabajos que realmente nunca te abandonan.

P.-¿Cree que un corresponsal de guerra, como usted fue en Biafra, su último destino, debería retirarse cuando la muerte deja de impresionarle?

R.-Mira, como dice John Simpson, que está en Belgrado cubriendo la guerra para la BBC, "he estado en 44 guerras pero nunca, nunca llegará el momento en que vea un cuerpo deshecho por las bombas y no sienta nada".

P.-Entonces es que mienten, porque no me diga que nunca ha escuchado a los corresponsales de guerra hablando de la muerte de otros con una frialdad escalofriante.

R.-Bueno, es verdad que no son tan sensibles como cualquier otro que nunca haya estado en un guerra. Pero yo no he conocido a ninguno que me haya dicho: nada me impresiona. Tal vez la capacidad de impresión disminuya, sí. Es lógico: la primera vez que ves un cadáver, guau; la segunda, buh; la centésima... (bosteza y se ríe). Tienen que tener un umbral muy alto para el horror, porque si no, no pueden hacer su trabajo. Como las enfermeras, que tienen que aceptar el hecho del dolor.

P.-El mismo personaje de su libro aprovecha la ocasión para impartir una lección magistral: el periodista debe desconfiar de todo. ¿Está de acuerdo?

R.-Han pasado 41 años, ha recorrido el mundo y le dice a sus alumnos que, como los periodistas somos testigos de la historia, si mentimos, los historiadores después darán esas mentiras por ciertas.

P.-Existe otra máxima periodística bien conocida que reza: "No dejes que la verdad te arruine un buen reportaje".

R.-Yo diría que esta máxima es más válida para los agentes publicitarios y asesores de imagen y toda esta gente que rodea a los políticos. Porque normalmente, la verdad es una buena historia. Nadie que vaya hoy a Kosovo va a tener que inventar ninguna masacre: la historia está ahí.

P.-En sentido contrario a la máxima, señor Forsyth, usted parece obsesionado con la verosimilitud de sus novelas. ¿No es la literatura el reino de la fantasía y la imaginación?

R.-Sí, me gusta la verosimilitud. Depende de lo que estés escribiendo. Cuando no hay pruebas sobre lo que escribes, puedes inventar; pero si yo digo que en Madrid no hay aeropuerto...

P.-Pues apenas mentiría. ¿Sabe lo que Gabriel García Márquez dijo en su taller de escritura sobre El Chacal?

R.-No, no lo sé, nunca lo he oído; ¿y qué dijo?

P.-Pues dijo que su novela sería una de las mejores del siglo si se hubiera atrevido usted a asesinar al general De Gaulle.

R.-¿Atreverme a matarlo? ¿Pero si estaba vivo? La historia que se cuenta es del 63 y él murió en noviembre del 70, y la novela se publicó en el 71.

P.-Sí, pero usted podría haberle matado en la ficción y así, según mantiene Márquez, al cabo de 200 años la gente no sabría realmente si el general murió en su lecho o en un ataque terrorista.

R.-Pero cómo iba a escribir eso en el año 70 si lo habían enterrado hacía apenas una semana. Sí, existe la posibilidad de cambiar la realidad 200 años más tarde y hacerla creíble, pero el mismo año de su muerte... Cómo vas a pretender que murió en el 63 si continuó gobernando Francia durante siete años más. Una vez se me acercó un joven de unos 20 años y me dijo que tenía una imaginación prodigiosa por haber inventado un personaje como el general De Gaulle. Nunca había oído hablar de él en las lecciones de Historia, porque no se da más que hasta la muerte de Kennedy.

P.-¿Y usted no cree que lo maravilloso de la literatura es precisamente eso, su capacidad de convertirse en algo más real que la realidad?

R.-Sí, yo también encuentro que hay personajes de novela más reales e interesantes para la gente que el señor Aznar, por ejemplo, o cualquiera de esos tipos grises. Son más reales aunque no hayan existido.

P.-Forsyth, ¿tiene usted cierto complejo de oráculo?

R.-No, realmente. Me limito a hacer cálculos: no era difícil saber que Margaret Thatcher iba a acceder al poder, ni que Rusia invadiría Afganistán.

P.-No hace mucho predijo que el Gobierno de Bruselas perdería toda su credibilidad, lo que en efecto ha sucedido.

R.-Tampoco creo que eso fuera muy difícil de prever. Era algo tan enfermo y corrupto: un secreto a voces. La salida de los comisarios era sólo una cuestión de tiempo, pero no importa: todos ellos volverán.

P.-¿Cree que este concepto de los estados unidos de Europa tiene algo que ver con las recientes demostraciones de racismo que, según los expertos, responden a un fenómeno nuevo y similar al Ku Kux Klan estadounidense?

R.-No, creo que son dos entidades diferentes. El fascismo y el nazismo siempre han estado ahí, aunque políticamente sean insignificantes. Después de estas tres bombas que han estallado en Londres, la prensa y el señor Blair han empezado a hablar de diez divisiones de nazis y bla, bla, bla. Y todo fue provocado por un maníaco en solitario. Se trata de un ingeniero, capaz de entender la información que circula por Internet sobre cómo fabricar una bomba. En Estados Unidos se venden auténticos manuales de cómo ser terrorista. Lo que sí está haciendo crecer el racismo son las fuertes emigraciones a Europa, porque el último extracto intelectual de la denominada sociedad blanca cree que ésta es la causa del desempleo. Entonces atacan la tienda de la esquina porque es de un paquistaní. La verdad es que ése que ataca no tendría trabajo en ninguna circunstancia, porque es un idiota.

P.-Predijo también que antes de acabar el milenio tendríamos un nuevo Hitler. Pero lo dijo mirando a Moscú y ...

R.-El gran miedo de Occidente es que en las próximas elecciones rusas puede surgir un hombre capaz de aglutinar el creciente y extremo nacionalismo. ¿Qué era Hitler sino un nacionalista extremo?

P.-Me parece que con Milosevic ya tenemos suficiente profecía. ¿No cree que el poder del dictador serbio podría haberse evitado?

R.-Milosevic era un paparatchik anónimo, sin cara identificable, uno de los instigadores del sueño de la Gran Serbia. Él no es para nada un nuevo Hitler: primero porque no gobierna un país grande y poderoso. Es un gánster político, y además es muy estúpido: lo es cualquiera que empiece a gobernar un territorio como Yugoslavia y acabe con una provincia del tamaño de Castilla.

P.-¿El objetivo de la OTAN tiene algo que ver con la minoría kosovar?

R.-No hay una motivación imperialista si es eso a lo que te refieres. ¿Qué interés puede tener EEUU en Kosovo, acaso se trata de un gran mercado donde vender chrislers o de un productor de petróleo? La OTAN tenía prueba aportadas por los servicios de inteligencia británicos y americanos de que Milosevic emprendería la solución final entre la primavera y el verano. ¿Iban a quedarse mirando la limpieza de casi dos millones de personas? Yo no critico el motivo, pero sí el modo en que se está llevando. Sobre todo por las interferencias políticas de Blair y Clinton: es una campaña lanzada por amateurs que supervisan a los profesionales. Tampoco se puede llevar a cabo una guerra comandada por 19 miembros a los que tienes que consultar cada vez que lanzas una bomba. El consejo de la OTAN no funciona.

P.-Volvamos a la novela. Hay un personaje que dice que el miedo siempre va acompañado de una fuerte fascinación. ¿Semejante axioma podría ser la base de todas las tiranías?

R.-A la gente le fascina el horror, y tal vez eso esté en el fondo de la atracción que produjeron individuos como Hitler o Stalin. Los grandes villanos de la historia han sido fascinantes para el pueblo, la gente todavía admira a Atila, a Gengis Kan. Los monstruos son más fascinantes que la gente buena.

P.-Forsyth, todos los poderosos ocultan alguna frustración.

R.-La que sí puedo decirte es que gente poderosa siempre está impelida a acumular más y más poder o más y más dinero, aunque no lo necesiten, y que probablemente esa fuerza que les guíe sea una carencia: buscan una compensación. Se dice que normalmente los hombres que fuman grandes cigarros tienen el pene pequeño.

P.-Ah, he de fijarme. ¿Y usted por qué dice que las mujeres no pueden ser femeninas si aspiran al poder; es que el poder tiene que ser tan masculino?

R.-Bueno, esto sonará muy sexista, pero yo creo que hay ciertos aspectos de la condición femenina que no se pueden cambiar. La natural tendencia de los hombres es competir, conquistar, explorar, escalar montañas, cruzar ríos, ir al fin del mundo. Hay ciertas mujeres que sienten esta inclinación: son precisamente aquellas que tienen muy pronunciada su parte masculina. No es que las mujeres no puedan subir montañas, es que normalmente no les gusta.

P.-Mire, piense lo que piense, el poder del mundo está cambiando y esto nadie lo para.

R.-El poder es como una montaña, hay que perseguirlo tiempo y tiempo. Una de dos, o esto cambia o será que las mujeres se convertirán masivamente al lesbianismo. Hay mujeres, las hay, que les interesa el poder: Bhutto, Golda Meier, Thatcher... pero cuando hablas con ellas, en su cerebro hay un gran componente masculino, que no tiene nada que ver con su físico. Bhutto es muy glamurosa y a Thatcher le encanta flirtear.

P.-Hay algo precioso reflejado en la novela que es el instinto femenino de protección hacia los otros. Usted tan masculino, ¿dónde lo aprendió?

R.-Observando la vida. Es biológico, parte de la naturaleza femenina y su capacidad de hacer niños. La compasión, el deseo de proteger, de ayudar, es más fuerte en las mujeres.

P.-Cuando dejó el periodismo dijo que estaba harto de la soledad del corresponsal y que quería fundar una familia. Unos 30 años después, ¿se siente solo en su granja?

R.-Bueno, más que harto lo que estaba era arruinado. Y en cuanto a ahora: no estoy solo, vivo con mi segunda esposa y me visitan los dos hijos que tengo del primer matrimonio. Si quiero estar solo, lo que suele ocurrirme el 50% del tiempo, me encierro en mi estudio, que es un granero rehabilitado.

P.-Señor Forsyth, ¿por qué continúa escribiendo si su único móvil es el dinero?, ¿no tiene suficiente, o tal vez le ocurre como a los poderosos?

R.-No tengo otra razón a parte del dinero, no. Escribo cada tres años, más o menos cuando se me acaba el dinero. Nunca llego a arruinarme, pero a las mujeres les gusta gastar, los chicos tienen muchísimos gastos, la granja no da beneficios...

P.-¿De qué tipo de familia procede usted?

R.-Muy corriente. Mis padres eran tenderos en una pequeña ciudad del sudeste de Inglaterra, Ashford, en Kent. Nada extraordinario: fui hijo único, mi primera memoria es la II Guerra Mundial. Según los estándares de la moderna corrección, fui educado en una horrible ordinariez: mi padre quería a mi madre, mi madre a mi padre, los dos me querían y yo, a ellos. Es claramente una receta para un ser humano asquerosamente normal.

P.-Pero fue hijo único, todos los hijos únicos salen raros.

R.-¿De verdad? Mi mujer también es hija única, por tanto debemos ser una pareja rara. A partir de ahora les preguntaré más a mis amigos si son únicos o no.

P.-Sinceramente, señor Forsyth, ¿es usted un buen cristiano?

R.-No soy agnóstico, pero no suscribo todo el menú católico, que en gran parte me parece una superstición. Soy un nuevo gourmet de la religión: sólo en pequeñas porciones.

Una humanidad espesa tapiza el césped de la plaza del Soho. Individuos con sándwich se disputan 200 metros cuadrados de verde dudoso: es la búsqueda de la tierra en el meollo de la mega urbe a la hora del lunch.

Nadie, absolutamente nadie mira a Frederick Forsyth que posa para el fotógrafo con una sonrisa nada natural. Camina tranquilo el escritor: un escritor aquí no es una estrella de feria. Lleva sobre sus hombros una leve joroba de años y tal vez de excesos: seguro que en otro tiempo marcharía de pecho henchido el galante reportero.

Boris 15 oct.2008

El Actors Studio


Cuando la Compañía del Teatro de Arte moscovita pasó por Norteamérica, dos de sus mienbros se quedaron en ese país y pronto se dedicaron a la enseñanza desarrollando el sistema de su maestro Constantin Stanislavsky.

Ellos eran , Maria Ouspenskaya y Richard Boleslavski. Fue con ellos, con quienes jóvenes actores norteamericanos como Lee Strasberg se sumergieron en las enseñanzas de Stanislavsky de acuerdo a las puntuaciones que de este hacía Boleslavski. Conducidos por las ganas de llevar lo aprendido a los escenarios norteamericanos, Lee Strasberg, Harold Clurman y Cheryl Crawford fundaron el Group Theatre (1931-1941), todavía hoy considerada la mejor de todas las compañías norteamericanas de teatro. El Group Theatre era la primera compañía americana entrenada completamente para funcionar como conjunto. Entre los miembros invitados a formar parte de esta compañía notable estaban Roberto Lewis y Elia Kazan. El Group Theatre finalmente se disolvió en 1941, por razones que se extendían desde las cuestiones financieras hasta las " diferencias artísticas ". Fue recién seis años más tarde cuando los fundadores originales del Actors Studio decidieron que era hora "de avivar las brasas" antes de que el fuego se muriera totalmente. El Actors Studio fue fundado en octubre de 1947, por Cheryl Crawford, Elia Kazan y Roberto Lewis. Se invitó a cincuenta actores profesionales jóvenes a que se hicieran miembros. Roberto Lewis condujo las reuniones para los miembros avanzados, y Elia Kazan llevó a cabo las sesiones para los principiantes. Antes de fin del primer año, Lewis dimitió. Durante 1948 y 1949 varios profesores condujeron las clases de actuación, entre ellos Sanford Meisner, Daniel Mann y Elia Kazan. Hasta que finalmente invitaron en 1949, a Strasberg para que se incorporara al Actors Studio. Después de poco tiempo, él fue el único profesor de actuación allí. Y antes de 1951 Strasberg fue designado Director Artístico del Actors Studio, una posición que la conservó hasta su muerte en 1982.

El Sistema de Enseñanza
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En el sistema de enseñanza del Actors Studio, fundamentado en el de Stanislavsky, se busca exitar estadios subconcientes del actor mediante un trabajo técnico conciente. Las clases consiten primero en la exposición de un tema por parte de un alumno; en la discusión que de su trabajo hacen los demás; y en las conclusiones que de la controversia saca su atemperador y profesor. El alumno expositor, sobre unas circunstancias temáticas dadas, improvisa su actuación mímicamente o utilizando la palabra. El método trata de provocar nexos de unión o identificación entre el intérprete y la criatura escénica. Del Actors Studio han surgido nombres de primera magnitud: James Dean, Marlon Brando, Montgomery Clift, Jack Palance, Julie Harris y Carroll Baker, entre otros. Las vidas agitadas de algunos de los alumnos que pasaron por el Actors han contribuido a elevar las voces de aquellos que han considerado que el método de enseñanza allí desarrollado contribuye a despertar y estimular los aspectos enfermos de la personalidad de los estudiantes. Sin embargo hoy ya dejada de lado esa discusión, no cabe dudas de que el Actors Studio es un hito en el camino hacia la profesionalización y jerarquización del trabajo del actor.

Marcelo 13 oct.2008

Gabriela Mistral


LA ABANDONADA
A Emma Godoy

Ahora voy a aprenderme
el país de la acedía,
y a desaprender tu amor
que era la sola lengua mía,
como río que olvidase
lecho, corriente y orillas.

¿Por qué trajiste tesoros
si el olvido no acarrearías?
Todo me sobra y yo me sobro
como traje de fiesta para fiesta no habida;
¡tanto, Dios mío, que me sobra
mi vida desde el primer día!

Denme ahora las palabras
que no me dio la nodriza.
Las balbucearé demente
de la sílaba a la sílaba:
palabra "expolio", palabra "nada",
y palabra "postrimería",
¡aunque se tuerzan en mi boca
como las víboras mordidas!

Me he sentado a mitad de la Tierra,
amor mío, a mitad de la vida,
a abrir mis venas y mi pecho,
a mondarme en granada viva,
y a romper la caoba roja
de mis huesos que te querían.

Estoy quemando lo que tuvimos:
los anchos muros, las altas vigas,
descuajando una por una
las doce puertas que abrías
y cegando a golpes de hacha
el aljibe de la alegría.

Voy a esparcir, voleada,
la cosecha ayer cogida,
a vaciar odres de vino
y a soltar aves cautivas;
a romper como mi cuerpo
los miembros de la "masía"
y a medir con brazos altos
la parva de las cenizas.

¡Cómo duele, cómo cuesta,
cómo eran las cosas divinas,
y no quieren morir, y se quejan muriendo,
y abren sus entrañas vívidas!
Los leños entienden y hablan,
el vino empinándose mira
y la banda de pájaros sube
torpe y rota como neblina.

Venga el viento, arda mi casa
mejor que bosque de resinas;
caigan rojos y sesgados
el molino y la torre madrina.
¡Mi noche, apurada del fuego,
mi pobre noche no llegue al día!

VLeal 11 oct 2oo8

J.L.Borges 2


El 24 de agosto de 1899, a los ocho meses de gestación, nace en Buenos Aires Jorge Luis Borges en casa de Isidoro Acevedo, su abuelo paterno. Es bilingüe desde su infancia y aprenderá a leer en inglés antes que en castellano por influencia de su abuela materna de origen inglés.
Georgie, como es llamado en casa, tenía apenas seis años cuando dijo a su padre que quería ser escritor. A los siete años escribe en inglés un resumen de la mitología griega; a los ocho, La visera fatal, inspirado en un episodio del Quijote; a los nueve traduce del inglés "El príncipe feliz" de Oscar Wilde.
En 1914, y debido a su ceguera casi total, el padre se jubila y decide pasar una temporada con la familia en Europa. Debido a la guerra, se instalan en Ginebra donde Gerorgie escribirá algunos poemas en francés mientras estudia el bachillerato (1914-1918). Su primera publicación registrada es una reseña de tres libros españoles escrita en francés para ser publicada en un periódico ginebrino. Pronto empezará a publicar poemas y manifiestos en la prensa literaria de España, donde reside desde 1919 hasta 1921, año en que los Borges regresan a Buenos Aires. El joven poeta redescubre su ciudad natal, sobre todo los suburbios del Sur, poblados de compadritos. Empieza a escribir poemas sobre este descubrimiento(1), publicando su primer libro de poemas, Fervor de Buenos Aires (1923). Instalado definitivamente en su ciudad natal a partir de 1924, publicará algunas revistas literarias y con dos libros más, Luna de enfrente e Inquisiciones, establecerá ya en 1925 su reputación de jefe de la más joven vanguardia.
En los treinta años siguientes, Georgie se transforma en Borges; es decir: en uno de los más brillantes y más polémicos escritores de nuestra América. Cansado del ultraísmo (escuela experimental de poesía que se desarrolló a partir del cubismo y futurismo) que él mismo había traído de España, intenta fundar un nuevo tipo de regionalismo, enraizado en una perspectiva metafísica de la realidad. Escribe cuentos y poemas sobre el suburbio porteño, sobre el tango, sobre fatales peleas de cuchillo ("Hombre de la esquina rosada" (2),"El Puñal"(3)). Pronto se cansará también de este ismo y empezará a especular por escrito sobre la narrativa fantástica o mágica, hasta punto de producir durante dos décadas, 1930-1950, algunas de las más extraordinarias ficciones de este siglo (4) (Historia universal de la infamia,1935; Ficciones, 1935-1944; El Aleph, 1949; entre otros).
En 1961 comparte con Samuel Beckett el Premio Formentor otorgado por el Congreso Internacional de Editores, y que será el comienzo de su reputación en todo el mundo occidental. Recibirá luego el título de Commendatore por el gobierno italiano, el de Comandante de la Orden de las Letras y Artes por el gobierno francés, la Insignia de Caballero de la Orden del Imperio Británico y el Premio Cervantes, entre otros numerosísimos premios y títulos.
Una encuesta mundial publicada en 1970 por el Corriere della Sera revela que Borges obtiene allí más votos como candidato al Premio Nobel que Solzhenitsyn, a quien la Academia Sueca distinguirá ese año.
El 27 de Marzo de 1983 publica en el diario La Nación de Buenos Aires el relato "Agosto 25, 1983", en que profetiza su suicidio para esa fecha exacta. Preguntado tiempo más tarde sobre por qué no se había suicidado en la fecha anunciada, contesta lisamente: "Por cobardía". Ese mismo año la Academia sueca otorga el Premio Nobel a William Golding; uno de los académicos denuncia la mediocridad de la elección. Todos siguen preguntándose por qué Borges es sistemáticamente soslayado. El premio a Golding parece dar la razón a los que dudan de que los académicos suecos sepan realmente leer.
Jorge Luis Borges murió en Ginebra el 14 de junio de 1986.

Boris 10 Oct.2008

Rainer Fassbinder


"De niño, vi muchas películas norteamericanas que me dejaron una gran impresión. No me acuerdo de sus títulos, sólo de su clima. El cine norteamericano es el único que me inspira cierta consideración porque es el único que realmente ha tenido un público. Es lo que consiguió el cine alemán antes de 1933 y por supuesto también hay directores en otros países que individualmente tienen contacto con el público. Pero en conjunto el cine norteamericano es el que ha tenido unas relaciones más felices con su público, y es porque no intenta ser un arte. Es una especie de cine que intenta divertir con el mayor suspense posible. Su estilo narrativo está desprovisto de complicaciones, de artificio. Es artificial, por supuesto, pero no artístico (...) Un europeo no tiene la misma ingenuidad que un cineasta de Hollywood. Nosotros siempre estamos obligados a considerar con mucha atención lo que producimos y cómo lo producimos, pero un día, estoy seguro, llegaré a contar historias sencillas. Y éste es mi continuo esfuerzo, aunque me causa muchos problemas. Los directores de cine norteamericanos se sitúan a un nivel que me parece muy sano. Tienen la idea de que Estados Unidos es la tierra de la libertad y de la justicia y hacen sus películas desde este punto de vista sin preocuparse demasiado del resto. Esto me parece admirable. Pero yo nunca he intentado copiar una película de Hollywood, como han hecho los italianos. Nosotros, más bien, hemos construido nuestras películas sobre nuestra comprensión personal del cine norteamericano."
"¿No cree que cuando un europeo trata un tema cercano al cine norteamericano, pero con conciencia europea, forzosamente se produce algo diferente?"
"[... descubrí el cine de Douglas Sirk] durante el invierno de 1970-1971. Enseguida fui a verle a Ascona porque estaba entusiasmado con sus películas, las cuales eran exactamente como las que yo quería rodar (...) Me indigna cuando dicen que sus películas son kitsch, me parece una estupidez (...) Las películas perfectas son las de Douglas Sirk: son las más humanas que conozco (...) He aprendido mucho de Douglas Sirk porque, contrariamente a otros autores de melodramas, tiene una actitud positiva respecto a sus personajes: les ama."
"[... las películas que más me influyeron en los sesenta] han sido Vivir su vida de Jean-Luc Godard, que he visto veintisiete veces, y Viridiana de Luis Buñuel."
"Me hubiera gustado hacer Amarcord de Fellini, La caída de los dioses de Visconti, cinco o seis películas de Sirk, El diablo probablemente de Bresson, veinte o treinta películas americanas..."
"A diferencia de Italia donde, por ejemplo, Francesco Rosi, Damiano Damiani y otros están tan cercanos a la realidad de su país que con sus películas, por así decirlo, intervienen en esa realidad satisfaciendo además, y precisamente, las exigencias inequívocamente comerciales de la industria cinematográfica; a diferencia de América, donde siguen haciéndose películas que, absolutamente críticas, profundizan en la crónica de los acontecimientos corrientes sin renunciar tampoco a los aspectos comerciales de una industria que, como no podría ser de otra manera, es igualmente comercial; a diferencia de Francia, España e incluso Suiza, donde Jonás cumplirá sus veinticinco años en el año 2000; a diferencia de casi todas las democracias occidentales, parece que en la República Federal Alemana existe el interés, misteriosamente común a los diferentes grupos relacionados con el cine, de que esta clase de películas no se hagan aquí."
"[El cine] puede tener mucho efecto [en la sociedad]. Distraer, contar historias de manera que el espectador se distraiga sin quedar atontado. Puede aclararle o despertarle el deseo de aclararse algunas cosas. Puede formular miedos. Para los demás. Si nadie lo hiciera nos recluiríamos en el mutismo y en cualquier momento nos atontaríamos. El cine puede dar valor al que mira para que siga haciendo preguntas, para que tenga una postura y le dé expresión. Creo que el cine es un medio que puede ser eficaz de las formas más diversas. Y sigue siendo un instrumento de distracción y tiene que seguir siéndolo. Como la literatura o la música, que también tienen que divertir independientemente de los efectos que produzcan."
"Los cines alemanes programan porquerías de última hora. El arte cinematográfico se ha convertido en un producto comercial y es más fácil vender películas lamentables (...) Para mí los sentimientos cuentan mucho, pero hoy la industria cinematográfica los explota y yo lo detesto. Estoy contra la especulación de los sentimientos."


Pancha 10 oct. 2008 (Sacado de www.rafamorata.com)

Yukio Mishima


Reseña de: MISHIMA, Yukio (1969-70), Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis, La esfera de los libros, Madrid, 2001.
[Traducción de Martin Raskin Gutman, 253 págs.]

Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis es el título de uno de los trabajos que componen este compendio (al cual, además, da el título) de escritos filosófico-políticos del genial y polifacético Yukio Mishima (seudónimo de Kimitake Hiraoka), autor japonés que saltó a la fama la mañana del 25 de Noviembre de 1970 cuando, tras el fracaso de un intento de sublevación militar dirigido por él mismo, se quitó la vida, ante las cámaras de televisión, por el rito Sepukku (vulgarmente "Hara-kiri")... Pero bueno, ya sabemos lo que es la fama: un brillo, un resplandor en el firmamento, que dura unos instantes y al final se apaga; ilumina nuestros corazones durante un momento, aunque la memoria, quizás, quede más tiempo impresionada por la belleza de ese fulgor, de ese fuego artificial... Así concebía Mishima la acción, la belleza de la acción. Quizá desde nuestra cultura occidental no le demos demasiado valor al suicidio... ¿No? Quizá ese valor dependa de los motivos... Durkheim sabrá.

En cualquier caso Mishima ya gozaba de otro tipo de fama, una más perenne, menos valiosa según el propio Mishima, probablemente más para nosotros: era uno de los mejores escritores japoneses de todos los tiempos, hasta el punto de que estuvo, con sólo cuarenta años, propuesto para el premio Nóbel de literatura; mas nunca se lo dieron por sus abiertas posiciones políticas fascistas. En efecto, el mejor ejemplo que de esto tenemos es la Proclama del 25 de Noviembre (el último de los escritos, tanto de este libro como de su vida), el discurso que dio a los soldados del cuartel en el que entró, con sus cien hombres de la Sociedad de los Escudos, para provocar la sublevación militar. El texto posee todos los ingredientes fascistas: rechazo a la Constitución, a la democracia, a los políticos, a la economía de libre mercado, nostalgia por el pasado imperial de Japón, odio a los USA, a los partidos comunistas, etc., aunque por otro lado le fascinaban y alababa a los militantes de izquierda, como todo fascista.

De esta guisa, aunque menos escandalosos, son otros de los textos aquí incluidos: Mis últimos 25 años y La Sociedad de los Escudos, e incluso Introducción a la filosofía de la acción. Este último, sin embargo, está dotado de un mayor nivel de reflexión filosófica, alcanzando algunos puntos un alto grado de metafísica. El primero de estos puntos es, desde luego, su concepto de "acción": algo así como la actividad física combativa orientada hacia un objetivo, actividad que se consuma en un corto lapso temporal; diferente, por tanto, del arte —que sería aquella actividad orientada por impulsos estéticos (en este sentido la gimnasia sería "la forma más próxima al límite entre arte y acción")—, y diferente también de la tarea o trabajo, es decir, de aquella actividad (física o intelectual, artística o no...) que se desarrolla a lo largo de un período ilimitado o extremadamente largo [Cfr. pp.164-170]:

«La acción tiene el misterioso poder de compendiar una larga vida en la explosión de un fuego de artificio. Se tiende a honrar a quien ha dedicado toda su vida a una única empresa, lo cual es justo, pero quien quema toda su vida en un fuego de artificio, que dura un instante, testimonia con mayor precisión y pureza los valores auténticos de la vida humana.

»La acción más pura y esencial logra retratar los valores de la vida y las cuestiones eternas de la humanidad con una profundidad mucho mayor que un esfuerzo humilde y constante» [p.169].

Son interesantes también las disquisiciones en torno a la contradicción entre "acción" y "autoridad" («cuanto más poder adquirimos, más nos alejamos de nuestra fuerza física», p.173), tanto en el ámbito militar institucional como en el guerrillero, una contradicción que gira en torno a la relación entre la estructura (social) militar y el combatiente individual. Precisamente este concepto de acción que hemos presentado vendría a ser como una especie de "principio de cierre" entre sus posiciones políticas y su concepción existencial (individualista, personal). Es Yukio Mishima uno de esos autores que fascina por su vida, una vida desgarrada en múltiples direcciones que proporciona a su obra una riqueza impresionante: la contradicción (u oposición real, que dirían los althusserianos) entre la tradición cultural japonesa y la modernización occidental, entre el glorioso pasado imperial y la presente (años de posguerra, 1945 en adelante) democracia sometida a los USA, entre la literatura, el teatro y las artes marciales, entre su vida personal y su militancia política. No es, por lo tanto, la mística oriental lo que encontramos en estos escritos, todo lo contrario: son continuas referencias a la tradición filosófica e intelectual occidental (Platón, Hegel, El Quijote, Stendhal, Goethe...) en pugna o en consonancia con elementos japoneses —con los cuales, evidentemente, muchos de nosotros no estamos familiarizados, salvo quizás los relativos a las artes marciales—. Esto es lo que nos permite la facilidad de penetración en estos textos, pues no nos resultan del todo ajenos. En cualquier caso, el prólogo de Clara Sánchez y, sobre todo, la introducción de Isidro-Juan Palacios son claves para comprender parte de la obra y de la vida de Mishima.

No deja de ser, sin embargo, Yukio Mishima, uno de los autores malditos, de esos que van en contra de las opiniones dominantes tanto en su obra como en su vida: un romántico, al fin y al cabo, recuperable ahora por los nostálgicos del 68. Y es que, efectivamente, gran parte de estos escritos hacen referencia a las revueltas estudiantiles japonesas del 69 y 70, revueltas con las cuales mantiene una relación intelectual de ambivalencia... Y luego está su suicidio, su muerte heroica. ¡Pues bien, que nos espere por muchos años!

Dentro de Introducción a la filosofía de la acción son importantes las reflexiones sobre la opinión pública y la táctica bélica (guerrilla urbana o kale borroka) de los revolucionarios, así como su conexión con el cine de aventuras, con el terrorismo... Mishima habla también de la belleza (objetiva) de la acción (subjetivo-individual), de la acción dentro de un grupo, de la acción de masas (siempre dirigida por un líder; y presenta los ejemplos de Castro, el Ché, Mao Zedong, etc., nunca habla de Hitler o Mussolini a pesar de su mayor afinidad); escribe sobre la "legalidad de la acción", un concepto contradictorio para él (recordemos su concepción restringida de "acción"), en un sentido bastante similar al de Bataille, aunque para éste tal contradicción es constitutiva: la vida, la fuerza, la juventud, busca la transgresión, la violencia, la muerte... El mejor ejemplo es el párrafo con el que acaba el artículo:

«¿Cómo es posible denominar "hombre de acción" a quien por su trabajo de presidente en una empresa hace ciento veinte llamadas telefónicas diarias para adelantarse a la competencia? ¿Y es tal vez un hombre de acción el que recibe elogios porque aumenta las ganancias de su sociedad viajando a países subdesarrollados y estafando a sus habitantes? Por lo general, son estos vulgares despojos sociales los que reciben el apelativo de hombres de acción en nuestro tiempo. Revueltos entre esta basura, estamos obligados a asistir a la decadencia y muerte del antiguo modelo de héroe, que ya exhala un miserable hedor. Los jóvenes no pueden dejar de observar con disgusto el vergonzoso espectáculo del modelo de héroe, al que aprendieron a conocer por las historietas, implacablemente derrotado y dejado marchitar por la sociedad a la que deberán pertenecer algún día. Y gritando su rechazo a semejante sociedad en su conjunto, intentan desesperadamente defender su pequeña divinidad» [p.233].

"Curiosamente" a lo largo de todo el artículo Mishima no ofrece ningún contenido intelectual, político, etc., por el cual se mueven los estudiantes, lo cual nos lleva a la conclusión, ya adelantada, de que todo su discurso (riquísimo en múltiples direcciones) no deja de ser pura demagogia fascista, tradicionalista, romántica... No existe, por mucho que nombre la palabra "izquierda", al Ché, etc., ninguna referencia a las clases sociales, a la explotación, ni siquiera al término "marxismo". Su crítica posee, evidentemente, contenidos verdaderos, pero hemos de mantener la conciencia alerta respecto del uso y del lugar que tales contenidos ocupan en la totalidad del discurso, y no ya porque no sepamos la motivación política última (que no es ocultada), de la cual podamos separarlos, sino porque estos mismos contenidos pueden estar forzados, troquelados, moldeados, en función de aquella motivación, de manera que, en el caso de la acción, por ejemplo, deje de lado otras dimensiones, aspectos o tipos de acción que sería necesario considerar desde una óptica filosófica académica o de otro signo político, marxista, pongamos por caso.

De todos modos, para texto filosófico, el que da título al compendio: Lecciones espirituales para los jóvenes samuráis. Ya simplemente echando una ojeada al índice nos podemos hacer una idea: sobre el arte, sobre el cuerpo, el placer, los intelectuales afeminados (según Mishima probablemente todos nosotros)... En realidad los títulos no dicen nada acerca de la enjundia filosófica con que puedan estar tratados estos temas, pues aunque todos ellos estén cruzados por múltiples ideas, cruce respecto del cual la tarea del filósofo sería la disección conceptual, podrían estar tratados de modo puramente ideológico. Este no es el caso de Mishima, aunque tampoco llegue al grado de distinción al que pueda llegar Gustavo Bueno. De todos modos la distinción entre ideología y dialéctica no es clara y distinta pues caben muchos grados —y en última instancia la dialéctica siempre puede ser reapropiada por la ideología, adoptando la forma, entonces, de metafísica—. En Mishima se observa una crítica, una tensión, en estos temas, entre la cultura occidental y la tradición japonesa, por ejemplo en la relación del arte con la política, dialéctica cruzada con la relación entre espíritu y cuerpo desde una perspectiva pragmática: para él el espíritu se cultiva con la literatura, el teatro, etc.; el cuerpo se cultiva con la gimnasia y las artes marciales. Él siempre intentó llevar a cabo este ideal de los samuráis, el bumburyodo (el camino de la pluma y de la espada), cosa que en la tradición occidental se expresa en el famoso "mens sana in corpore sano", aunque sin matices bélicos. Pero si bien puede existir cierta síntesis de estos ideales en el terreno individual, en el social no es tan fácil:

«... el arte pertenece a un sistema que siempre resulta inocente mientras que la acción política tiene como principio fundamental la responsabilidad. Y dado que la acción política se valora sobre todo a la vista de los resultados, es posible admitir en ella también una motivación egoísta e interesada, siempre que conduzca a buenos resultados; si, por el contrario, una acción inspirada en un principio altamente ético lleva hacia un resultado atroz, no exime de asumirlo a quien haya cumplido las responsabilidades que le correspondan.

»El problema es que la situación política moderna ha comenzado a actuar con la irresponsabilidad propia del arte, reduciendo la vida a un concierto absolutamente ficticio; ha transformado la sociedad en un teatro y al pueblo en una masa de espectadores, y, en definitiva, es la causa de la politización del arte; la actividad política ya no alcanza el nivel del antiguo rigor de lo concreto y de la responsabilidad» [pp.79-80].

Observemos, no obstante, que esta dialéctica (abierta) se cierra (o pretende ser cerrada) a través de una política individual guerrera, donde el Samurái hace política combatiendo... En fin, no salimos del fascismo.

Este es un ejemplo entre un amplio elenco de temas y casos que nos ofrece este autor. La mirada del filósofo debe ser crítica (de lo contrario no sería filósofo) para extraer aquello que de valor haya en un discurso; creemos que en estos escritos hay mucho de valor (historia del Japón, de su literatura y cultura, normas de acción valiosas, crítica a la democracia de mercado, espíritu de compromiso...), dejemos al lector que lo disfrute y que sea él mismo el que extraiga sus propias conclusiones; contra el "mal" ya le hemos prevenido.

Pancho 10 Oct 2008