Klaus Kinski



YO NECESITO AMOR

de Klaus Kinski

“Crates tenia un discípulo cuyo nombre era Metroclo. Era un joven rico de Maronea. Su hermana, Hiparquia, bella y noble, se enamoró de Crates. Hay constancias de su pasión por él y de que salió en su busca. Nada pudo desanimarla, ni la suciedad del cínico, ni su pobreza absoluta, ni el horror de su vida pública. Él le previno que vivía a la manera de los perros, en las calles, y que buscaba los huesos en los montones de la basura (…) Hiparquia abandonó la ciudad de Maronea, desnuda, con los cabellos sueltos, cubierta sólo con una tela vieja, y se fue a vivir con Crates, vestida casi como él. Se dice que tuvieron un hijo, Pasicles; pero no hay nada seguro respecto a eso”. (Vidas imaginarias, Marcel Schwob)

El fenómeno de la experiencia ajena plasmada sobre un texto documental, ya sea como biografía, autobiografía o memoria, cayó literalmente sobre mi cabeza mientras hurgaba libros en una biblioteca (en la que trabajaba) hace un par de años. Enfrentarme a ese desconocido universo de experiencias íntimas, divertidas a veces y pedagógicas la mayoría de las veces fue una escuela en sí misma inconmensurablemente superior a cualquier soporífera clase convencional. Cada repaso vivencial desde el puño mismo del vividor era una cuna de metodologías, técnicas, logros, errores y arrebatos puestos a prueba en experiencias relacionadas a la dinámica de la cual necesitaba imperativamente aprender: el cine.

Lo que prosiguió entonces fue ingresar en la lógica de las memorias, fue una búsqueda frenética por mordisquear e incorporar todo aquello, que dio como resultado olfatear en múltiples textos biográficos que fueron desde: Tras la pista de John Ford de McBride, pasando por Memorias de un amante sarnoso de Marx, Así se hacen las películas de Sidney Lumet y otros similares o incluso más inspiradores y ni tan alejados de la imagen en movimiento como los Recuerdos del pasado de Pérez Rosales o Éramos unos niños de Patti Smith…todos sin duda rebosantes de vitalidad, por ser eléctricos testimonios de experiencias inimaginables pero vigorosas para cualquiera que admire a tales autores tanto por sus oficios, desvergüenzas u obras.

“Se busca a Jesucristo. Profesor, obrero. Domicilio, desconocido. No profesa ninguna religión. No milita en ningún partido. No se le ve en reuniones públicas. El prófugo está acusado de robo, corrupción de menores, blasfemia, profanación de iglesias, insultos a la autoridad, desprecio a las leyes, compadreo con putas y criminales…”

Kinski que comenzó actuando monólogos-recitales “poéticos” a finales de los 50s, inicia su pequeño-gran codex confesional, con este párrafo clave de su mega performance-happening-mesiánico que invadió los escenarios europeos a finales de los 60s. En éstos, berreaba con desparpajo “únicamente” armado con su voz (y su actitud)… frente a una muchedumbre que respondía sus provocaciones con algo más que solo confrontaciones cortopunzantes. Con lujo de detalle esto está retratado en el documental Jesus Christus Erlöser de 2008 y dirigido por Peter Geyer, el albacea de Klaus Kinski: “100 minutos de histrionismo, oratoria y violencia verbal en una época en que las estrellas tenían cojones y escaso miedo al ridículo”*.

Luego de una acumulación de escandalosas presentaciones, comienza otra de sus tantas tormentosas experiencias, esta vez con un tal Herzog. Kinski sale del spagetti western y vira hacia algo más en su tono: Aguirre, der Zorn Gottes (otro iracundo) y con ello un nuevo y más lucrativo giro y periplo anti-actoral:

“Herzog, el productor de la película, también ha escrito el guión y quiere dirigirla. Lo primero que hago es preguntarle cuánto dinero tiene”. (…) (Herzog) tiene una manera de hablar plúmbea, más perezosa que un sapo, minuciosa, quisquillosa, fragmentaria; de su boca brotan cascotes de palabras, que intenta retener al máximo, como si le pagaran intereses por ellas. Pasa una eternidad hasta que por fin se saca del cerebro uno de sus mocos mentales resecos”. (…) No entiendo nada de lo que está hablando, excepto que está enamorando de sí mismo sin motivo aparente y está fascinado por su propia osadía, que no es más que la ignorancia de un diletante”. (….) Y afirma, con el mismo descaro y ramplonería (por decir así, relamiéndose los labios, como si se tratara de un bocado delicioso), que todos los que participaran en el proyecto están dispuestos a aceptar con alegría las inimaginables fatigas y privaciones que les esperan, con tal de seguirle los pasos a él, a Herzog”.

“Los periódicos, la radio y la televisión se masturban con pretenciosos artículos sobre mí. Parece que les pone cachondos calificarme de genio”.

Con su Yo necesito amor, Kinski, tiene mucho de Crates aunque mucho más de Hiparquia pensándolo mejor…tiene mucho de los cínicos que inauguraron todo el contenido desenfreno que Sócrates no expresó “gracias” al filtro de sus discípulos más “decentes”, parcos y correctos que claramente no heredaron el lado lúdico del sabio condenado: Platón y Aristóteles.

Kinski tiene mucho de puta, como él mismo se autocalifica en reiteradas ocasiones con majadería, pues sus odiseas como errante, como mercenario del sentimiento para las más de 200 películas en las que trabajó alrededor del mundo, dan cuenta de un frenesí por vencer la muerte a través del exceso en todas sus posibilidades, llegando incluso a regurgitar intimidades y calificativos de grueso calibre, tal vez para subsanar lo nefasto que al parecer era negociar con los cineastas contemporáneos a él, todos, hoy ya canonizados. La tormentosa experiencia que padeció en el mundillo del cine se entiende porque no le hizo asco a estrujar toda posibilidad de “pagarse” cuando aceptaba las insufribles faenas de filmación elucubradas por los mas insufribles creativos de su época. El parecer efectivamente que Todo es bueno cuando es excesivo, tal como sentencia el Obispo (Giorgio Cataldi) en Saló, justo antes de dar el puntapié inicial al bacanal de sangre, mierda y sexo que constituye la tesis en el ultimo metraje de Pasolini. El finado Pier, otro excesivo a su manera que también se topó con Kinski:

“Pasolini, que me ha mandando el guión de Pocilga, su ultima película, se presenta en la Appia con una horda de chicos jóvenes, y quiere hablar conmigo. (…) Desde luego, el argumento es un poco excesivo. El personaje principal, que debería interpretar yo, es un tipo que, impulsado por el hambre, ataca a un guerrero bien formado y lo devora. Esa historia después de todas las paridas que he tenido que rodar hasta ahora, parece soportable. Pero el sueldo no. El productor Doria es de los mejores de Italia, pero si yo cobrara en todas mis películas el salario de hambre que él me ofrece, tendría que acabar comiéndome, para sobrevivir a Doria o quizás incluso a Pasolini”.

En las memorias, Kinski no escatima en detalles ni ahorra en sus articuladas sofisticaciones para describir tanto su promiscuidad entrañable como su tráfico de razonamientos que sin duda convencen y estimulan a la emulación sistemática a través de la superación de la propia mojigatería. Kinski puede jactarse de su coprolalia hasta invisibilisarla, pero pocas veces las palabras articuladas tan soezmente fueron a la vez tan edificantes en su exaltación estilosa, sistemática y ordenada de barraganería, que perfilada, emergía hasta moldear una imagen de vida en perpetuo desequilibrio y urgencia por una otredad inabarcable.

Pero sin duda que no todo en Kinski es delirio y carne, con un planteamiento cronológico el autor recorre una infancia modesta y sacudida por la carencia más implacable. Rescata momentos de cierta ternura infantil, aunque no carente del contexto hitleriano que aún cuando no recalca explícitamente, está bullendo por detrás y que finalmente lo llevará a suspender su adolescencia tajantemente, sembrando más esa pulsión que en algún momento estallará.

Los Kinski se la pasan de pensión en pensión y de hoteluchos baratos a cuartuchos piojosos. La madre cose ensordecedoramente y los hermanos unos sobre otros defecan, duermen, tosen…o al menos lo intentan:

“Para que mi madre no tenga que cargar conmigo todo el día, paso medio día en el parvulario de la escuela primaria a la que van mis hermanos. Allí nadie se ocupa de nosotros. No hay libros de cuentos ni juguetes. A la hora de bailar en corro, nos arrastramos en círculo sin ningún interés, como viejos enanos (…) El resto del tiempo rondamos apáticos por el aire viciado y nos contagiamos”.

“Nuestro retrete es un agujero con una tapa. Cuando levantas la tapa, casi te desmayas de la peste a meados y a mierda. Resulta más higiénico mear en la calle (…) No tenemos luz eléctrica (…) Siempre tenemos hambre. Aunque pudiera robar cada día, no nos hartaríamos todos”.

A los 16 años entra al servicio militar y de pasada tiene una fugaz pero no por eso menos brutal experiencia de paracaidista en la segunda guerra mundial. Faltarían 20 años antes de que Kinski tuviera la fama que hoy cualquier cinéfilo le reconoce. Faltan 20 años de vasta acumulación de humillaciones, pellejerías, palizas, partuzas e incidentes variopintos para que Kinski emergiera tal como lo conocemos ahora.

Las 412 páginas se hacen más que suficientes para ingresar en la desbordada prosa morbosa del actor que se avergonzaba de tal denominación, pero despilfarraba vida para volver a necesitarla cíclicamente a través del goce y un tipo de amor sin duda complejo de dimensionar sólo en palabras.

Herzog por su parte, intentó oxigenar el mito y la atormentada figura de Kinski, que pudo parecer en algún momento ensañadamente monomaníaca, y explora el lado poético-humano de éste, en su Mein liebster Feind. Difícil saber si lo logra o no, su propia chacharezca especulación pasa por encima de a momentos por el actor. Todo el supuesto aprecio que intenta evacuar Werner en el metraje, se diluye herzognianamente.

En algún momento Kinski se sumerge en un amor que no siendo sexual no deja de ser carnal, parte de su flujo desperdigado es tributado en muchas páginas: su hijo. Más que sus hijas, su hijo es explorado y más aún, es elevado a un individuo casi metafísico, un efebo atiborrado de amor por Klaus haciendo todavía más compleja su propia idea del amor. En un arrebato de anhelo redentorio, Kinski sentencia en base a su propio Pesicles-Nanhoi:

“Mi hijo es mi vida. Es mi dios. Creo en su fuerza infinita. Creo en la magia de su amor. Es la encarnación del amor. La encarnación de la vida. La encarnación de la belleza. A través de él me salvaré”. Pero, afortunadamente, luego recapacita y vuelve a la cordura, a la brutal cordura: “Ahora, hoy, prefiero personalmente ser pobre, pero sin pesadillas y sin manías persecutorias, sin el martirio de la encarnación incesante y consciente. ¡Ojalá pudiera hacerlo!, ¡Ojalá dependiera de mí! ¡No quiero ser actor! ¡Quisiera no haber sido nunca actor! ¡Quisiera no haber tenido nunca éxito! Hubiera preferido ser una puta callejera y vender mi cuerpo, antes que vender mis lágrimas y mis risas, mi tristeza y mi alegría”.

Yo necesito amor, tan plagado de vida y ansiedad, expulsa el sustancioso y errático recorrido de un personaje insaciable, magullado de sus múltiples enfrentamientos carnales pero también fecundado de una cierta autoconsciencia de su despilfarro, un despilfarro en sus relaciones emotivas que incluso el parece no sabe ni quiere saber como controlar ni encausar. Ni con su hijo logra mesurar un frenesí que, ya diluido, le parece imposible identificarse como un personaje o como una nueva configuración mental sin retorno ni deseo de nada parecido a la sanación.

A lo largo de sus memorias Kinski se sitúa en muchísimos terrenos y no tiene sentido intentar llegar a una convicción sobre su atormentada y/o histriónica psiquis. Lo único ligeramente claro es que Kinski legítimamente y a sus anchas fanfarronea al tiempo que derrocha, estalla y prueba a las personas mientras no suelta el acelerador. La misericordia no era lo suyo. Siempre actuaba y a la vez detestaba su propio rol. Ninguneaba a sus colaboradores, se sensibilizaba con los animales pero trataba con infinita desconfianza y desprecio poético a toda la alimañezca y tacaña humanidad desde Fellini a Loach, de Cavani a Visconti.

Y hablando de academicismos y vacas sagradas:

“Lo que enseñan en esas escuelas de actores es una retahíla de escalofriantes gilipolleces. Al parecer las peores son las llamadas actor’s studios, de Estados Unidos. Allí aprenden a ser naturales, es decir, se repatingan, se hurgan la nariz y se rascan los huevos. A esa imbecilidad la llaman method acting. ¿Cómo se puede “enseñar” a alguien a ser actor? ¿Cómo se puede enseñar a alguien cómo y qué debe sentir y cómo debe expresarlo? ¿Cómo puede alguien enseñarme a mí la manera de reír y llorar? ¿La manera de alegrarme y estar triste? ¿Lo que son el dolor, la desesperación y la felicidad? ¿Lo que son la pobreza y el hambre? ¿Lo que son el odio y el amor? ¿Lo que son el anhelo y la satisfacción? No, no quiero perder el tiempo con esos cretinos engreídos”.

En fin, en las antípodas siempre estará la salvación.

Y sobre los premios, ya cansado, al atardecer de su vida:

“¡Y luego, la histeria que se crea en torno a esos piojosos premios! Todo por esa banda de doce ridículos jurados que se imaginan poder dictar una sentencia como si fuera verdaderos jueces (¡que más quisieran!). Desde luego, lo que más les gustaría sería poder decidir sobre la muerte o la vida de un ser humano”.

La mezcla de dinero, derroche, luces, fornicación y los problemas asociados a todo lo anterior efectivamente pueden dar una idea general de porqué hacía lo que hacía o decía lo que decía y dejando tan poco espacio para algo ligeramente parecido a la mesura. Kinski probablemente hacía gala del concepto “familia de mal vivir”, sin embargo estrujaba tanto lo malo como lo bueno de ese estado catártico de vitalidad mortificante que parecía fomentar dicho ritmo como quien está febrilmente atrapado por un narcótico.

En Cinismos Michel Onfray tal vez sin proponérselo identifica al arquetípico Kinski describiéndolo en base a los filósofos-perros de Atenas:

“El hombre que ha llegado al pleno dominio de sí mismo tiene una sabiduría que lo protege de todo ataque y goza impunemente del placer”.

Y Plutarlo reafirma:

“Un hombre de bien, ¿no ve acaso una fiesta en cada día?”.

Nikolaus Karl Günther Nakszynski murió a los 65 años, dos años después de realizar su primera y única película como director: Kinski Paganini.

En dos meses más, el 23 de noviembre de 2011, se cumplen 20 años de su deceso.

La primera edición de Ich brauche liebe (Yo necesito amor) data de mayo de 1992.

por Colectivo Miope





Klaus Kinski
(18 de octubre de 1926 - 23 de noviembre de 1991) fue un famoso y controvertido actor alemán, muy vinculado al director Werner Herzog y considerado como la última gran estrella del cine alemán. Es padre de la actriz Nastassja Kinski.

Su auténtico nombre era Nikolaus Karl Günther Nakszynski; nació en Sopot, Ciudad libre de Dánzig, y murió en Lagunitas, California (Estados Unidos).

Contenido

[ocultar]

Biografía [editar]

Kinski sirvió en el ejército alemán durante la Segunda Guerra Mundial movilizado forzosamente por las Juventudes Hitlerianas, aunque pasó la mayor parte del tiempo como prisionero de guerra del ejército británico.

Al finalizar la guerra, empezó a actuar en obras de teatro con una troupe ambulante, cobrando fama con sus monólogos de William Shakespeare y del patriarca y prócer de los poetas malditos, François Villon, además de trabajar con grandes directores teatrales que inculcaron en él principios propios del teatro de la crueldad y conceptos de la teoría de la representación que utilizaría durante toda su carrera. Pero pronto pasó a la industria del cine, que consideró mucho más rentable.

Poseedor de un carácter temperamental e irascible, sus actuaciones fueron verdaderamente teatrales y sus personajes neuróticos. Era además adicto sexual y de una coprolalia irrefrenable, y solía dejar a su paso una estela de enemigos personales debido a su grosería y falta de buenos modales.

Debutó en el cine en 1948, en el film Morituri. Actuó en un gran número de películas, casi todas ellas de ínfima categoría, como él mismo reconocía. Llegó inclusive a decir: "Soy una prostituta. Hago esta basura por el dinero, nada más."

No obstante, algunas de ellas fueron películas memorables dentro de sus repectivos géneros, como Doctor Zhivago (David Lean, 1965) y Per qualche dollaro in più (Por unos pocos dólares más o La muerte tenía un precio, Sergio Leone, 1965).

Alcanzó cierto renombre con sus papeles de psicópatas y dementes, y llegó a ser de alguna manera estereotipado para ocupar dichos roles.

Su participación en Angel (Venus in Furs o Paroxismus), en 1968, fue el punto de encuentro con uno de los directores con los que más conectó (quizá más que con Werner Herzog), Jesús Franco. Con el director madrileño trabó una gran amistad, quizá debido a la peculiaridad de ambos caracteres. El director español es uno de los pocos que recuerdan con placer a Kinski, afirmando que lo prefiere a él, con su locura y temperamento, que a Christopher Lee, por ejemplo, "demasiado señorito inglés". Otras películas que realizó con Franco fueron Jack the Ripper, El conde Drácula y Justine (Deadly Sanctuary).

En los primeros años de la década del 70 llevó a cabo una serie de polémicas presentaciones teatrales conocidas como Jesus Christus Erlöser o simplemente Jesus Tour, en las que enfrentaba abierta y hostilmente al público, se autoproclamaba el mesías e incitaba la reacción visceral del auditorio con toda suerte de provocaciones. Los guiones completos de sus presentaciones, así como su grabación en audio, se conservan. El momento más célebre de esta presentación se puede encontrar en el documental biográfico Mi enemigo íntimo (Mein Liebster Feind, 1999), de Werner Herzog.

La reputación internacional de Kinski se forjó indudablemente gracias a sus colaboraciones con el director Werner Herzog —a quien, curiosamente, había conocido cuando Herzog era todavía un niño, pues habían compartido pensión en Múnich.

Colaboró en las renombradas películas de Herzog: Nosferatu, el vampiro un film clásico del terror que alberga una de las mejores actuaciones de Kinski, Aguirre:la cólera de Dios (o Aguirre, la ira de Dios), Woyzeck, Fitzcarraldo, Cobra verde y Nosferatu, fantasma de la noche, un papel hecho a su medida.

Entre Herzog y Kinski siempre hubo una difícil relación profesional que se podría calificar de amor-odio y que quedó plasmada en el documental Mi enemigo íntimo, en el que Herzog afirma que ambos llegaron a planear asesinarse mutuamente.

De hecho Kinski habló de Herzog de la siguiente forma:

Es un individuo miserable, se me pega como una mosca cojonera, rencoroso, envidioso, apestoso a ambición y codicia, maligno, sádico, traidor, chantajista, cobarde y un farsante de cabeza a los pies. Su supuesto "talento" consiste únicamente en torturar criaturas indefensas y, si hace falta, matarlas de cansancio o asesinarlas. Nadie ni nada le interesa, a excepción de su penosa carrera de supuesto cineasta. Impulsado por un ansia patológica de causar sensación, provoca él mismo las más absurdas dificultades y peligros y pone en juego la seguridad e incluso la vida de otros, sólo para después poder decir que él, Herzog, ha domeñado fuerzas aparentemente insuperables. Para sus películas echa mano de personas poco desarrolladas mentalmente y de diletantes, a los que puede manejar a su antojo (¡y, supuestamente, hipnotizar!), y a los que paga un salario de hambre, eso si les paga. El resto son tullidos y abortos de todo tipo, a fin de parecer interesante. No tiene la menor idea de cómo se hace una película. Ya ni intenta darme instrucciones. Hace tiempo que ha renunciado a preguntarme si estoy dispuesto a llevar a cabo sus aburridas chorradas, ya que le tengo prohibido hablar.
Klaus Kinsky

Ya desde un inicio, las tensiones en el tándem Herzog-Kinski habían tocado picos peligrosos y se amenazaron de muerte en repetidas ocasiones. Por otro lado, la actitud de divo que ostentaba Kinski en las filmaciones le granjeó numerosos enemigos, hasta el punto de que, según Herzog, en una ocasión un jefe indio se le ofreció para matar a Kinski.

El actor plasmó su rencor y resentimiento hacia Herzog en su autobiografía, en la que dice, refiriéndose a Herzog:

"sucio bastardo, que no sabe nada de cine, todo lo rodé yo, no tiene nada de cultura, es un analfabeto" y sigue "le rompería la cara, le cortaría la cabeza, lo mataré con mi fusil de balines".
Klaus Kinsky

Tal vez el mejor pasaje es cuando comenta el día en que el actor regaló al director unos carísimos pantalones de marca, durante el rodaje de Fitzcarraldo, y el director los llevó "pedorreados" durante todo el tiempo que duró la filmación.

Afirma también que es un "cagado y gallina", que le tiene miedo a los indígenas, y que es un cruel y vil que maltrata a los animales y a la gente de su troupe. En fin, para completar el cuadro, hay que decir que Werner Herzog afirma que estos insultos fueron una maniobra publicitaria planeada por ambos.

En cualquier caso, las colaboraciones de ambos son consideradas verdaderas obras maestras del cine y, de acuerdo con muchos críticos y aficionados, el mejor trabajo de ambos se produjo cuando hubieron de colaborar, ya que por separado ninguno de ambos alcanzó tales cotas de genialidad.

La más turbulenta colaboración de Kinski con Herzog fue, sin duda, Cobra verde, en la que representaba al tratante de esclavos Francisco Manoel Da Silva. Durante el rodaje, Kinski atacó físicamente a Herzog y abandonó el rodaje sin concluir. Dicho episodio terminó de romper la relación entre Kinski y Herzog.

Después de la ruptura definitiva entre los dos artistas, Kinski siguió interpretando papeles en films de muy diverso tipo. Llegó a participar incluso en Los frutos de la pasión, respecto a la cual afirmó que los actores realizaban el acto sexual de verdad.

Otros films de esta época son Androide, La chica del tambor, Venom, Psicópata, Crawlspace... Volvió al papel de Nosferatu en Nosferatu en Venezia y en 1985 rodó a las órdenes del director español Fernando Colomo El caballero del dragón. Se dice que en este rodaje Kinski intentó arrancar con la mano las barbas del director y se subió a las espaldas de Fernando Rey.

Su última película, rodada en 1989, marcó su debut como director, guionista y hasta montador, por supuesto con él como protagonista. El título fue Kinski: Paganini, o solamente Paganini, ambicioso proyecto que en inicio pretendía ser una miniserie de 16 horas para la televisión italiana.

Según Herzog, Kinski le pidió que dirigiese esta cinta, pero su relación se hallaba tan deteriorada que Herzog declinó el proyecto, y asumió entonces total control el impulsivo Kinski. Una vez que los responsables y productores del proyecto tuvieron acceso al material inicial que Kinski estuvo filmando, decidieron abortar el rodaje, accediendo a lanzarlo como un largometraje y ya no como teleserie. El film terminó siendo un caótico y colorido reflejo de la singular personalidad del actor y recibió críticas negativas que, unidas al fracaso económico de la cinta, terminaron por defenestrar el proyecto.

Paradójicamente, es conocido el manifiesto interés que grandes directores tuvieron por trabajar con Kinski. Sin embargo, este no dudaba en rechazar a genios de la talla de Federico Fellini, François Truffaut, Pier Paolo Pasolini, Luchino Visconti y otros. Precisamente, el famosísimo Steven Spielberg deseaba contar con él para la serie de Indiana Jones, pero Kinski rehusó la oferta.

Kinski era, además, un erotómano, adicto al sexo y sus hazañas sexuales quedaron reflejadas en su autobiografía, titulada Yo necesito amor.

A causa de la gran cantidad de papeles de loco y asesino que representó a lo largo de su carrera, y a su comportamiento obstinado y a menudo obsesivo, se le solía considerar un genio demente. Se casó tres veces y, según su propia autobiografía, tuvo al menos cinco hijos, de los cuales sólo a tres trató como tales: Nastassja, con quien tuvo una relación conflictiva que terminó rompiendo el vínculo padre-hija; Pola, y Nikolai Nanhoï. Todos fueron actores.

Su físico tan característico (cabello muy rubio, labios gruesos, mirada desquiciada y malvada) marcó su carrera, lo que, unido a un carácter poco estable, cercano a la locura, completó un cuadro muy reconocible y muy peculiar en el mundo de los actores.

Kinski, que se había retirado del cine y de la vida pública, preparaba sus memorias cuando murió a los 65 años, víctima de un ataque cardíaco, en Lagunitas, una parcela selvática en California, . Se dice que cuando Fernando Colomo fue informado de la muerte del actor alemán, no pudo evitar espetar: "Descansemos en paz".

Principales películas [editar]

Referencias [editar]

  • Kinski, Klaus: Yo necesito amor, Ed. Tusquets, col. La sonrisa vertical, nº 101.

Enlaces externos [editar]


Klaus Kinski
Archivo:Klaus Kinski.gif
Klaus Kinski
Nombre real Nikolaus Karl Günther Nakszynski
Nacimiento 18 de octubre de 1926
Zopot, Ciudad libre de Dánzig
Defunción 23 de noviembre de 1991
Lagunitas, California, Bandera de los Estados Unidos Estados Unidos
Cónyuge Tres:
Hijo/s 3 reconocidos (Nastassja Kinski, Pola Kinski y Nikolai Kinski) y 2 no reconocidos.
Ficha en IMDb

Pancha 26 o3 2009

Sergei Einsenstein

Sergei Mikhailovich Eisenstein nació en Riga, Letonia, en 1898, y murió en 1948, en Moscú. Su padre era un arquitecto judío de origen alemán y su madre de ascendencia rusa perteneciente a la gran burguesía. Estudió arquitectura y bellas artes y se enroló en las milicias populares para participar en la Revolución de Octubre de 1917. Desde muy pronto se unió al mundo del espectáculo haciendo decorados y dirigiendo e interpretando teatro para los soldados. En 1920 ingresó en el Teatro Obrero y poco después fue nombrado su director. Se apartó del teatro cuando vio las excelencias del cine al rodar el largo La huelga (Stachka, 1924). Mientras la rodaba le encargaron una película conmemorativa de los orígenes de la revolución y acabó haciendo su obra maestra El acorazado Potemkin, la película sobre la que más se ha escrito de toda la Historia del Cine.

El propio Eisenstein atribuía buena parte de la fuerza de El acorazado Potemkin al guión original escrito por Nina Agadzhanova-Shutko, para un proyecto, “1905”, sobre el abortado «ensayo general» de la Revolución de Octubre. Las malas condiciones meteorológicas obligaron al equipo de Eisenstein a interrumpir el rodaje y a dirigirse a Odessa para rodar allí el episodio del motín a bordo del acorazado Potemkin. El episodio del Potemkin reflejaba a la perfección la atmósfera de descontento y revuelta existente en Rusia a comienzos de siglo, por lo que llegó a considerarse sinónimo del proyecto total. Así se abandonó “1905” y Eisenstein concentró todas sus fuerzas en El acorazado Potemkin.

Posteriormente realizó Octubre (Oktiabr, 1927) basada en el libro «Diez días que conmovieron al mundo», de John Reed reconstrucción de los acontecimientos de 1917 y perfecta aplicación de sus teorías cinematográficas. Tuvo graves problemas con la censura porque su visión de los hechos históricos no coincidía con la oficial del Partido Comunista. Los tres cuartos de hora que debió cortar al metraje original fueron debidos a la caída en desgracia de Trotsky. Los protagonistas de Octubre son las masas revolucionarias y solamente aparecen algunos personajes individuales como Lenin, Trotsky (que fue eliminado de las imágenes) y Kerensky.

En 1930, Eisenstein, fue a Europa y América. Los proyectos que presentó en Estados Unidos fueron rechazados y en el país de la libertad tuvieron miedo de sus ideas colectivistas y se escribieron panfletos en su contra llamándole «Eisenstein, ese perro rojo». Eisenstein no pudo filmar nada en Hollywood y se dirigió a México, donde inició el desastroso proyecto de dirigir una película mexicana. Comenzó a rodar ¡Que viva México! (1931). Cuando llevaba rodados más de 50.000 metros, según Eisenstein, lo mejor que había rodado nunca, se ordenó parar la producción, por lo que el director debió volver a Moscú. La película quedó inacabada, siendo objeto de varios montajes nunca realizados por él. Su figura y estilo de montaje tuvo una decisiva influencia sobre el cine mexicano de la década de los cuarenta

En Moscú, Eisenstein no consiguió sacar adelante ningún otro proyecto de película pues desde las altas esferas del régimen se le rechazaban todas las ideas que sugería. El director se dedicó a la enseñanza y a escribir libros para dejar su experiencia escrita.

Las humillaciones le llevaron a dirigir otra película, El prado de Bezhin (Bezhin Lug, 1937), sobre un cuento de Ivan Turgeniev, que fue prohibida y no se vio jamás. Durante algún tiempo se creyó que había sido destruida durante la Segunda Guerra Mundial. Queda de ella una reconstrucción montada con fragmentos conservados por Eisenstein.

Eisenstein no se desanimó y realizó Alexander Nevsky (Aleksandr Nevskii) en 1938, su primera película sonora, una epopeya patriótica que relataba la lucha de los rusos contra los caballeros teutónicos en el siglo XI. Con ella ganó el premio Stalin y le concedieron la Orden de Lenin.

En 1944 terminó la primera parte de Iván el Terrible (Iván Grosny), que contaba la ascensión al trono y traición sufrida por Iván IV, un zar del siglo XVI. Finalmente, en 1946, la noche en que terminó el montaje de La conjura de los Boyardos, segunda parte de Iván el Terrible, que contaba la venganza de Iván, Eisenstein sufrió un grave infarto. Esta película fue prohibida durante diez años y no se estrenó hasta la muerte de Stalin. Eisenstein vivió dos años más y nunca consiguió hacer la tercera parte.


La escalera de Odessa


En una escena, ya antológica en la historia del séptimo arte, Eisenstein, jugando admirablemente con la realidad y la ficción presenta la terrible y apasionante escena de la escalera de Odessa, en la que las tropas del zar, disparan a quemarropa sobre la población civil que despedía a los marinos del acorazado.

La película está realizada con fines didácticos pues Eisenstein estaba a sueldo de la propaganda del régimen soviético; algunas de sus magníficas películas fueron financiadas con la intención de dar a conocer la revolución rusa y sus antecedentes a los ciudadanos que no la habían vivido. Estamos ante el cine didáctico puro.

La secuencia de la escalera de Odessa en El Acorazado Potemkim es una secuencia falsa llena de planos verdaderos. Una masacre así no pudo durar casi diez minutos en la realidad. Para mostrar didácticamente a los espectadores la terrible secuencia, el director debió ralentizar, retener, recrearse, engañar, con el fin de testimoniar eficazmente lo que significa la violencia del poder armado contra ciudadanos desarmados.

En los primeros planos generales, la escalera es relativamente corta para la cantidad de escalones que unos soldados sin rostro, pero con botas crecidas desde su propia sombra, descienden mientras matan a diestro y siniestro. Los principales personajes, definidos por Eisenstein mediante primeros planos en los momentos iniciales de la secuencia, van debatiéndose entre el miedo, el enfrentamiento, las carreras, sus gestos horrorizados o desafiantes, hasta que la mayoría muere por los disparos de las tropas del zar. Sin embargo, y lo quiero destacar por la importancia que tiene en la secuencia, hay dos personajes que aparecen de pronto, como por arte de la magia del cine: una madre que lleva el cochecito con un niño en su interior. Esas personas, madre e hijo, no podían estar dentro de aquel caos. No tienen cabida física en la secuencia, no se dan de ellos referencias anteriores, no encajan ni caben en la escalera, ya que las tropas ya habían dominado la situación desde todos los ángulos. Si las tropas de a pie están en lo alto van bajando interminablemente y los cosacos a caballo cortan la retirada en la base de la escalera… ¿De dónde salen la mujer y el niño?. De la magia de Eisenstein, simplemente, que creador del montaje intelectual, ideológico, no le preocupó en demasía un desajuste, una situación inverosímil, o una imposibilidad física.

Es dudoso que esa matanza ocurriera realmente en Odessa, o por lo menos no perece que ocurrió en relación con el motín del acorazado. Algunos autores sostienen que la matanza existió y que incluso Eisenstein entrevistó a los supervivientes. A Eisenstein le cautivó el marco y lo utilizó para contar una historia falsa que ha ocurrido miles de veces en la realidad. A Eisenstein le cautivó la plástica de la imagen de la escalera, las luces y las sombras, el movimiento de las masas, y lo utilizó para presentar el mensaje que deseaba. Como dato, quiero destacar que el resto de la historia, como en la mayoría de los casos, es cierta. Existió realmente el motín del Acorazado Potemkim, pero la historia no acabó bien: Los marinos fueron apresados poco después en Ucrania por la armada del Zar y condenados a muerte.

Eisenstein, uno de los más ilustres magos de la historia del cine, resaltó en esta secuencia una de las mayores situaciones de emotividad, efectividad y tensión del sétimo arte. Logró y sigue logrando el propósito, con espectadores de hoy, de impresionar, enseñar, instruir, estableciendo una relación causa-efecto en la utilización del elemento cinematográfico, filmación y montaje, entre una idea y la expresión metafórica que ha permitido que «realmente» captemos mediante la ficción la realidad de una historia que nunca existió pero que siempre está existiendo.


Escalera de Odessa cuando se rodó

Escalera de Odessa en la película

Escalera de Odessa en la actualidad


Anécdota

La escena de la matanza en las escaleras de Odessa en «El Acorazado Potemkin», de Eisenstein, no figuraba en ninguno de los guiones preliminares ni en ninguna de las notas de preparación del montaje. El descubrimiento de la escalera fue accidental. Eisenstein cuenta «...la idea me vino al pisar unas cerezas que iban cayendo por las escaleras cuando yo me hallaba en lo alto, a los pies de la estatua del duque de Richelieu, es un mito pintoresco, lo admito, pero un mito evidente. Fue la grandeza de estas escaleras lo que me dio la idea de la escena... Y puede ser que también jugase un papel importante una ilustración aparecida en un periódico de 1905 y que habría permanecido en el fondo de mi memoria... ». La matanza en las escaleras de Odessa no es seguro que tuviera relación con los hechos del acorazado Potemkim aunque parece cierto que en aquellas escaleras sí se dieron otras matanzas de civiles.


Sergei Prokofiev

La música

La música incidental (casi protagonista) de Alexander Nevsky e Iván el Terrible fueron las impresionantes partituras de Sergei Prokofiev.

Referencias:

http://www.prokofiev.org/

http://www.prokofiev.org/catalog/workessential.cfm?WorkID=4

http://www.prokofiev.org/recordings/album.cfm?aid=000194
Iván el Terrible: http://www.prokofiev.org/catalog/work.cfm?WorkID=176
(Aportación de Javier Martínez-Salanova)

El montaje de Eisenstein


Eisenstein rompe con los moldes tradicionales de montaje. El acorazado Potemkin constituye un buen ejemplo. En lo que Eisenstein describió como montaje intelectual, o montaje ideológico, los objetos y los personajes se unen y se separan, entran y salen, se unen de variadas formas provocando el desconcierto del espectador, que se obliga a pensar, preguntándose qué sucede en la pantalla, adquiriendo conciencia por sí mismo de los hechos que ve con estupor. Eisenstein propone el montaje con libertad de situaciones y escenas arbitrariamente elegidas, independientes entre sí pero con una orientación precisa hacia un determinado efecto temático final. La secuencia completa de las escaleras de Odessa, es una muestra única para explicar ese tipo de montaje.

Arriba

Bob Marley


Video Bob Marley Entrevista Barcelona

-Hace unos dias, encontré esta Joya Audiovisual para los amantes del Reggae y sobretodo, para los amantes de la Musica de Bob Marley y su figura, ideas y su generosa solidaridad con sus cercanos, la verdad que un Mito como Bob Marley, se hizo mucho mas leyenda al morir joven, como muchos otros grandes artistas, Elvis Presley, Kurt Kobain, etc.., pero estamos seguros que vivo hubiera logrado muchas metas y sobretodo, habria conseguido hacer su figura, su leyenda mucho mas ampla e impresionante, su creatividad ilimitad, su frescura en el panorama musical por aquel entonces, deja entrever que grandes canciones, grandes mitos en forma de musica, se quedaron en el camino con la muerte de uno de los artistas mas grandes de la historia de la musica, y sobretodo, en la historia de Jamaica..la entrevista la realiza Angel Casas

Entrevista Bob Marley Parte 1



Entrevista Bob Marley Parte 2



Como en PCGrow somos grandes admiradores de Bob Marley, aprovechamos la ocasión para compartir con vosotros una de las que, sin lugar a dudas, es una de sus mejores canciones, y de las que tiene mas mensaje hacia la sociedad mundial,Bob sembró Paz, Alegria, Esperanza, Amor y cosechó millones de almas que pese a su muerte, pese al tiempo, siguen guardando en su corazón un pedazito de su obra.

Video Bob Marley - War


Boris 06 03 09

La noche de la iguana


LA NOCHE DE LA IGUANA (THE NIGHT OF THE IGUANA),1963, JOHN HUSTON


Realizada a continuación de "El último de la lista" (The list of Adrian Messenger, 1.961), estrenada asimismo en Zaragoza en 1964 en el Palafox y que no merece mayor comentario ya que se trata de un pasatiempo irlandés y uno de esos films menores a los que John Huston era tan proclive.

"La noche de la iguana" es, ciertamente, otra cosa. Película completamente hustoniana que parte de una de las mejoras obras de Tennesee Williams, y deviene la más lograda de las adaptaciones al cine - junto a "Un tranvía llamado deseo" (A streetcar named Desire/Elia Kazan 1951 y "De repente el último verano" (Suddenly last summer/Joseph L. Manckiewicz 1958), normal dada la calidad de ambos directores - de autor tan bien servido por Hollywood.

Huston viaja a México para localizar exteriores, y a Madrid para convencer a Ava Gardner de que aceptase el papel de Maxine (desopilante episodio narrado por el cineasta en sus memorias "An open book" y en el que el rijoso director hizo lo posible y lo imposible por ligarse a la guapísima sin éxito alguno; eso si el productor Ray Stark que le acompañaba tuvo que ser ingresado de urgencias en un hospital madrileño a causa de tres noches seguidas al estilo Gardner). Consigue el reparto que deseaba (Richard Burton, Ava Gardner, Deborah Kerr, Sue Lyon), filmar en blanco y negro y obtener los servicios del genial operador Gabriel Figueroa y escribir él mismo el guión sin interferencias de Williams.

¿En que coincidían los respectivos universos de Williams y Huston?. La abrupta poesía del dramaturgo le convenía al director, el viaje más o menos iniciático del pastor protestante y alcohólico Shanon tambien. La misoginia exacerbada de un homosexual como mr. Williams para nada. Huston se las arregló para ocultarla, apañando el desenlace y despojando a Maxine (Ava Gardner) de su aura de mantis religiosa.

"La noche de la iguana" es un bello texto muy bien entendido por el Huston de las grandes ocasiones. Lo respeta pero hace suyos a los personajes para asi poder inscribirlos en la riquísima galeria de retratos fascinantes del mundo hustoniano(de "El halcon maltés" 1951 a "Dublineses" 1987, pasando por "El tesoro de Sierra Madre", "La jungla de asfalto", "Cayo Largo", "La reina de Africa", "Moby Dick", "Solo Dios lo sabe", "Vidas rebeldes", "Reflejos en un ojo dorado", "Fat city", "El juez de la horca", "El hombre que pudo reinar" y "El honor de los Prizzi", el corpus por el que este irregular director merece estar en el Olimpo de los más grandes). El resultada es una ceremonia, un rito bellísimo de autodestrucción y/o supervivencia, alcohol, sexualidad animal……,y sentido del humor que nunca le faltó al formidable personaje que, según él mismo y los que le conocieron, fue el hijo de Walter Huston. El opresivo itinerario del descreído reverendo y sus solteronas excursionistas cantarinas y/o reprimidas (veáse el amor lésbico de Grayson Hall por Sue Lyon, expuesto crudamente en genial chiste a cargo de Burton y Ava. Los enfrentamientos con la ninfómana propietaria de un hotelucho en la jungla mexicana (Ava Gardner, demostrando que con un buen papel era una actriz tan arrebatadora como su otoñal belleza), una mística etérea pero nada frágil (Deborah Kerr, tan extraordinaria, o casi, como en "The innocents"), una Lolita que no podía ser más que Sue Lyon y, sobre todo, con sus propios demonios; dan lugar a un exorcismo bañado en alcohol, tabaco, sangre, sudor y lágrimas.

El desenlace parece,solo parece, desembocar en la serenidad y la asunción del fracaso sin que por ello deje resquicio a una improbable esperanza. Magnífica elegía de la desesperación de los marginados, que no siempre evita cierta grandilocuencia (probablemente debida más a Williams que a Huston, director poco dado a lo pomposo), "La noche de la iguana" permanece quizá como el más notable exponente del cine de su autor en unos años de divorcios, despistes y baja forma. Cosa sabida es que John Huston fue siempre un ciclotímico del mejor cine americano, y que llevó a cabo un buen número de películas que mejor no mencionar. Pero cuando fue autor, y no artesano de bajo calado, alcanzó cotas épicas y líricas de altísima calidad. Y si le damos la vuelta a las desdichadas frases de un joven François Truffaut (1), el paso del tiempo ha colocado a cada uno en su sitio y el autor de "Los 400 golpes" - cosa habitual en "Cahiers du Cinema" en toda su larga y, desgraciadamente, influyente historia - había metido la pata una vez más. "La noche de la iguana" no es una obra maestra. Sí una excelente película.

Marcelo 24 02 09

El hombre Omega

(1)
THE OMEGA MAN (1971, Boris Sagal) El último hombre... vivo
Image Hosted by ImageShack.us

Novela mítica entre la literatura fantástica, I am Legend de Richard Matheson ha conocido hasta el momento dos adaptaciones cinematográficas. Una de ellas es la casi desconocida THE LAST MAN ON EARTH (1964, Sidney Salkow & Ubaldo Ragona) que, contra todo pronóstico, se erige como una afortunada singularidad del cine fantástico de los sesenta. Pocos años después se rodó una versión, indudablemente más conocida, pero al mismo tiempo abismalmente peor. Tenía de la película malas referencias, pero reconozco que tras lo visto estas se han quedado cortas.

Se trata de THE OMEGA MAN (El último hombre… vivo, 1971. Boris Sagal), que hay que incluir entre el conjunto de producciones que, dentro del género de ciencia-ficción, ubicadas en los primeros compases de la década de los setenta, y basadas en un concepto premonitorio de un futuro cercano sombrío para el devenir de la humanidad. Un pensamiento por cierto que lamentablemente está cerca de ser verídico, y que en su momento englobó títulos como SOYLENT GREEN (Cuando el destino nos alcance, 1973. Richard Fleischer), WESTWORLD (Almas de metal, 1973. Michael Crichton) o LOGAN’S RUN (La fuga de Logan, 1976. Michael Anderson), entre otros. Producciones todas ellas que comparten una serie de afinidades estéticas –entre ellas el uso de la pantalla ancha- y fundamentalmente, temáticas, conformando todo un capítulo en la configuración del género en el cine norteamericano.

Lo más atractivo de THE OMEGA MAN proviene precisamente de sus imágenes iniciales. Un coche rojo discurre plácidamente por entre una moderna ciudad que refleja una sorprendente tranquilidad. En él conduce Robert Neville (Charlton Heston) con aparente serenidad. Sin embargo, pronto aparece un detalle inquietante. El protagonista baja del coche y ametralla a unos extraños individuos vestidos con túnicas. La acción ha comenzado.


Practicante a partir de ahí todo el interés se diluye en una película que podría definirse como un auténtico empacho de varios de los peores elementos estéticos del cine de finales de los sesenta, e inicios de los setenta. Entre ellos, el más evidente es el uso y el abuso del zoom y el reencuadre en teleobjetivo que prácticamente se erige como recurso narrativo predominante –e incluso mareante en ocasiones-. Pero junto a ello la película quiere adoptar –y la penosa banda sonora de Ron Grainer y el vestuario contribuyen mucho en ello-, una estética pop –la secuencia en la que Neville contempla solo en una sala de cine el film WOODSTROCK (1970. Michael Wadleigh) , demostrando que se la sabe de memoria; la rutina de su soledad-. Y más aún; la elección de Heston para el papel protagonista se me antoja un enorme fallo de casting y evidentemente no se atisba en el film ningún detalle por parte del inepto Boris Sagal de intentar una dirección de su trabajo. Antes al contrario, se nota que el protagonista impuso sus criterios, entre otros detalles por su inveterada manía de mostrar su torso desnudo cada dos por tres.

Pero es que aún hay más. Aparece por allí una muchacha negra –hay que explotar el black power- con un aspecto que parece copiado de “Cleopatra Jones” y luciendo en todo momento vistosos y ridículos modelitos dentro de un entorno de verdadera tragedia, que entabla un romance con Neville. Y al mismo tiempo los componentes de esa especie de secta de albinos ataviados con túnicas y cubiertos sus ojos con gruesas y oscuras gafas de sol –que en esta ocasión suplen los vampiros de la novela original y que están encabezados por el líder Matthias (Anthony Zerbe)-, ciertamente provocan la carcajada en cada una de sus apariciones, tal es su torpe y poco convincente caracterización. A ello habría añadir la pobreza con la que están realizadas las recreaciones de los cadáveres. Serán estas dos, junto con la vulgaridad de las secuencias de acción horriblemente punteadas por la música, las que en más de un momento nos hagan pensar no solo que nos encontramos ante una mala película, sino con un auténtico subproducto.

Nos queda muy poco, apenas la brillantez de la fotografía del gran Russell Metty, sin embargo totalmente inadecuada en su luminosidad y colorido, para un tipo de película que evidentemente tiene un mayor resultado en blanco y negro o, si esta fuera en color, con unas tonalidades más lúgubres. En definitiva, y pese al injustificado reconocimiento de que goza entre públicos excesivamente condescendientes dentro del cine fantástico más o menos cercano, creo que THE OMEGA MAN es un desastre sin paliativos y una de las páginas más olvidables de la S/F norteamericana en la década de los 70. Dicho queda.






(2)

TRAMA : En marzo de un 1975 alternativo, el conflicto militar entre Rusia y China se ha llgado al nivel de una guerra bacteriológica sin precedentes, y los virus se han extendido por todo el planeta. El científico militar Neville se encuentra desarrollando una vacuna cuando la plaga azota a la ciudad de Los Angeles, y procede a inocularse a sí mismo. Ahora han pasado varios años desde la hecatombe, y la mayoría de la población ha perecido; los escasos supervivientes de la plaga se han zombificado y organizado en una especie de secta que mantiene una guerra personal con Neville, el último hombre sano de la ciudad. Mientras Neville dedica sus días a buscar la morada de "la familia" - como se autodenominan - para destruirlos, descubre a un puñado de supervivientes que han no ha sido afectados por la epidemia. Y comenzará a desarrollar un suero para curar al hermano de uno de ellos, mientras los infectados acosan su morada fortificada por las noches, acusándolo de ser el responsable de la plaga.

NOTA : como siempre, desarrollamos este sitio desde fans hacia fans del buen cine. Por ello, se pueden mencionar partes del film que pueden develar el final (spoilers), pero asumimos a esta altura que los lectores han visto el film o se encuentran familiarizados con la historia.


. . .

manuales de lenguajes y programas, drivers para todas las versiones de Windows, bases de emails, software para internet, programas para oficina, manuales de hardware y software, fotografias y fuentes para diseño grafico... en Drivers Argentina - click aqui




El Hombre Omega
Pocos escritores pueden merecen ser llamados luminarias en su género. Autores que han revolucionado con sus ideas, que han desarrollado conceptos geniales, que han dado clases de literatura en sus obras. Y en cuanto al terror y lo fantástico, Richard Matheson es uno de los pocos talentos que merecen figurar en ese olimpo. Junto con Robert Bloch, Ray Bradbury, Isaac Asimov, llevaron el género de lo fantástico a niveles de excelencia. Cada cual se especializó en lo suyo, pero Matheson ha sido un todo terreno: ha escrito buen terror y buena ciencia ficción. Colaborando con Rod Serling en The Twilight Zone; escribiendo novelas como El Increíble Hombre Menguante; realizando guiones de filmes como Trilogy of Terror, Kolchak: The Night Stalker, o Duel... la lista es enorme entre todos sus libros, guiones y cuentos.

Y entre sus novelas más aclamadas se encuentra Yo Soy Leyenda (1954). La idea es de pesadilla: un hombre se despierta un día y descubre que toda la población de la Tierra se ha transformado en vampiros. Y si bien el concepto es genial, hubo varias traslaciones al celuloide que terminaron en sendos fracasos: comenzando con un intento de la Hammer en 1957 que tuvo fuertes problemas de censura con el guión y nunca terminó por filmarse; siguiendo con la producción italiana The Last Man on Earth (1964) con Vincent Price, que a pesar de cierta fidelidad a la novela, contaba con una dirección horrenda. Después hubo un corto español de 1967 dirigido por Mario Gomez Martin, del cual nadie tiene noticias y sólo figura en la IMDB. Luego llegó esta adaptación dirigida por Boris Sagal, que tampoco gustó a nadie; y en los 90 hubo varios intentos de remake, con proyectos encabezados por Arnold Schwarzenegger (que sería un digno sucesor del estoico Charlton Heston) que no llegaron a ningún puerto. Recién ahora, en el 2007, se está filmando una nueva versión que estaría basada en The Omega Man (las primeras fotos del set muestran a un moderno convertible rojo tal como Heston conducía en el film), protagonizada por Will Smith, con Francis Lawrence - el director de Constantine - tras las cámaras, y con guión de Akiva Goldsman (Batman & Robin). Según mi punto de vista, salvo Smith, todas son malas señales para el nuevo filme.

La base de Yo Soy Leyenda consiste en explicar el vampirismo en términos racionales. Los infectados por la plaga tienen síntomas parecidos al de la Porfiria, por lo que deben alimentarse de sangre para reponer nutrientes y evitar la necrosis de la carne; la ausencia de reflejo en los espejos no es más que un rasgo sicótico de la enfermedad - su mente niega la existencia de la imagen reflejada -; el temor a las cruces se debe a miedos ancestrales religiosos exaltados por la locura que padecen los infectados... y así continúa la lista. Si bien la idea original consistía en un mundo dominado por vampiros, la mejor adaptación de la novela (en términos no oficiales) es La Noche de los Muertos Vivos de George Romero (donde toda la población se ha convertido en zombie); y posteriormente 28 Days Later... de Danny Boyle. Pero invocando al nombre de Matheson, The Omega Man es la última adaptación oficial hasta hoy.

venta de dvd a toda la Argentina - peliculas de ciencia ficcion y terror, novelas de James Bond en nuestro shopping de culto - click aqui

Y si Matheson renegó con la versión italiana de 1964, sin duda habrá querido morirse al ver el filme de Boris Sagal. Sagal es un director todo terreno de la TV, dirigiendo capítulos de Columbo, El Hombre de CIPOL, La Dimensión Desconocida, Dr. Kildare... y una lista interminable de series. Pero resulta ser un creativo terrible para la pantalla grande. Desde el comienzo, con Heston realizando piruetas con su cupé por un Los Angeles desolado, haciendo chistes malos a cada rato, y disfrutando de modo infantil el escenario que se plantea - tomar todo lo que precise al alcance de su mano, gozar todos los placeres materiales que cualquier hombre siempre ha deseado - no es el modo más lógico en que el único superviviente de una hecatombe a nivel mundial debería comportarse. La ciudad está inundada de muertos, y lo razonable sería que Neville viviera constantemente deprimido, o con rasgos de locura ante semejante soledad y el panorama infernal que se le presenta por las noches con el acoso de los infectados a su mansión fortificada.

Es un filme terriblemente banal, empeñado en erigir a Heston como héroe de acción, cuando en realidad es un actor más apto para interpretar papeles de individuos que batallan contra las circunstancias, estoicos e incorruptibles. Lo que ocurre es que de algún modo existía un "síndrome Heston" para la época, y cualquier tipo de filme épico debía tenerlo como protagonista; desde su antólogica participación en Los Diez Mandamientos, siguiendo por Ben Hur, El Cid, El Planeta de los Simios...y posteriormente con Cuando el Destino nos Alcance, Terremoto... En cierto sentido lo que ocurre con Charlton Heston es como comentara alguna vez Roger Ebert sobre otros actores : "son intérpretes que se creen su propia prensa"; y terminó asumiendo que es el protagonista natural de cualquier película épica, por lo que aceptó papeles cada vez mas desastrosos.

Si el rol de Charlton Heston en el cine es el del hombre agrio, incorruptible, comandante, decidido a luchar contra enormes injusticias en solitario, no es su función congraciarse con el público - lo hace a través de su héroe conflictuado -. Heston no es simpático; su química con el público pasa por una identificación con su causa. Pero acá, haciendo poses machistas, malos chistes, y un montón de banalidades adolescentes, lo primero que provoca es el rechazo. Y si la interpretación no ayuda, el atroz guión termina por hundirlo. Los comentarios de Neville son terribles, superficiales, cuando debería vivir en una paranoia constante, con el temor del ataque y la obsesión por destruir a los infectados. En cambio, vive en un eterno mundo de shopping.

Pero sería injusto cargar todas las tintas a Neville / Heston; el libreto se encarga de repartir culpas por igual a todo el elenco. Por el lado de los infectados, estos ya no son vampiros sino una suerte de zombies que son sensibles a la luz y duermen de día. No son, como La Noche de los Muertos Vivientes, una masa furiosa que aulla y ruge por sangre; fijense en otra seudo adaptación no oficial que es 28 Days Later ... (Exterminio) que plantea un mundo de paranoia, un Londres desvastado, y la horda de zombies acosando a los escasos supervivientes (el filme de Danny Boyle hace muchísimas cosas bien, e incluso presenta la fantasía del mundo de shopping ilimitado de otro modo más creíble y menos chocante que ésta película). Aquí es un montón de ridículos disfrazados con largas túnicas negras satinadas, usando lentes de sol, y con una absurda capacidad de raciocinio. Neville podría sobrevivir penosamente si los infectados fuera una horda salvaje e irracional; pero con un montón de lunáticos contagiados de una locura seudo religiosa y conservadora, debería poder exterminarlos sin esfuerzo. Uno piensa en por qué Neville no los rocía con una ametralladora todas las noches si siempre van a acosarlo a su puerta; o por qué Matthias - renegado de la tecnología - no comete un último sacrilegio y busca bombas o tanques para arrasar la mansión fortificada. Es tan ilógico todo esto que la escena en que un infectado irrumpe en la morada de Neville con un revólver (cuando falla el generador de las luces) es completamente risible, del mismo modo que la secta - que es sensible a la luz - realiza enorme fogatas nocturnas frente a la mansión.

Y si esto es ridículo, la soledad que reza el título es de mentira, con la súbita aparición de un puñado de sobrevivientes. Lo único que sirve es como excusa para presentar la pareja interracial de Neville y Lisa - escandalosa para su época -, presentar al enfermo hermano de Lisa que servirá como desencadenante del clímax, y una abundancia de desnudos femeninos de Rosalind Cash. El personaje de Lisa es tan banal como el de Neville; su explicación de que convivió "un tiempo" con Matthias y la familia carece de sentido; la secuencia en la azotea entre Neville y Richie - el hermano de Lisa - tiene unos dialogos atroces ("si no los curas ni los matas... eres una persona hostil; tu no perteneces aquí"); y la total idiotez de Richie de ir a buscar a Matthias para explicarle que han obtenido una cura es un insulto mayor a la inteligencia del espectador. La muerte de Richie no es suficiente castigo para el personaje (y debería haber algo similar para los guionistas).

Es una película totalmente idiota; en el segundo tercio del film se toma por momentos con seriedad a sí mismo y mejora un poco; y dentro del absurdo total, al menos Anthony Zerbe pone un poco de profesionalismo al asunto. Pero es incoherente y termina por ser un producto completamente desastroso. Con el guión horrible, las malas actuaciones, la música espantosa, y la dirección incompetente se termina por arruinar lo que podría haber sido una gran película.

USA, 1971 : Charlton Heston (Robert Neville), Rosalind Cash (Lisa), Anthony Zerbe (Matthias), Paul Koslo (Dutch), Lincoln Kilpatrick (Zachary), Eric Laneuville (Richie)

Director-BorisSagal, Guión - John William Corrington & Joyce H. Corrington, basados en la novela I am Legend de Richard Matheson, Musica - Ron Grainer

Las adaptaciones del libro de Richard Matheson I Am Legend son: El Ultimo Hombre Sobre la Tierra (The Last Man On Earth) (1964), El Ultimo Hombre Vivo (The Omega Man) (1971) y Soy Leyenda (I Am Legend) (2007)







pancha 21 02 09

Abel Ferrara

Abel Ferrara hace un exorcismo en el Chelsea Hotel

El director mezcla dramatización y documental para crear una película rodada en el más famoso hotel donde vivieron y murieron músicos bohemios

Los actores recrean la vida de vida de Sid Vicious (Jamie Burke) y Nancy Spungen (Bijou Phillips) en la habitación número 100 del Chelsea Hotel.

Los actores recrean la vida de vida de Sid Vicious (Jamie Burke) y Nancy Spungen (Bijou Phillips) en la habitación número 100 del Chelsea Hotel.

Derjeen Fil

El 11 de octubre de 1978 el mundo supo que el tío más punk del planeta, Sid Vicious, bajista de Sex Pistols, fue arrestado por apuñalar a su novia, Nancy Spungen (la Yoko Ono de los Beatles), en la habitación número 100 del Chelsea Hotel. El cuerpo de Nancy Laura fue encontrado en un baño, envuelto en sangre y vestido de raída lencería negra.

La historia del punk ya venía escribiéndose, años atrás, en las paredes del Chelsea. Los Stooges de Iggy Pop se reunían allí para intentar grabar su primer disco. Encerrados en una habitación y en menos de dos horas, Iggy y el guitarrista Ron Asheton salieron de allí con tres canciones, según se cuenta en Grit, noise, & revolution: the birth of Detroit rock'n'roll de David Carson.

Incluso antes del punk, en 1966, Andy Warhol no quiso permitir que aquella época muriera, y lo registró y mitificó para generaciones posteriores en su película Chelsea girls, donde aperecía Nico, quien tituló Chelsea girl su primer disco, un año después.

El Chelsea de Manhattan se convirtió en una meca para artistas yonquis y chicas lánguidas. Allí vivieron la poeta y músico Patti Smith siendo pareja del fotógrafo Robert Mapplethorpe y todos sus amigos se dejaban caer para ir recogerles antes de acudir al Max's, mítico local de conciertos a finales de los 70. Patti invitaba allí a desayunar a sus amigos, café, donuts de chocolate y una copa de helado italiano de chocolate.

Abel Ferrara ha vuelto a este escenario mítico, histórico, para rodar su última película, Chelsea on the rocks. Allí vivió durante tres meses, grabó cuarenta horas e interrogó, cámara en mano, a los residentes. Ha presentado su película en Sitges, donde ha declarado que el edificio "es un sitio bastante duro para vivir" y ha confesado que se alegró cuando terminó el rodaje. "Todo el mundo esperaba que llegáramos, hacíamos una pregunta y te daban una respuesta de una hora", dice.

Ferrara rodó en la habitación sucia y desordenada de "alguien que fue mi camello hace muchos años" y ha reconstruido la vida allí de Sid y Nancy, una historia que era muy importante contar, "pero no sabía hacerlo si no era mediante la ficción".

¡Sálvese quien pueda!

El director realizó su trabajo en el momento en el que se estaba produciendo un cambio de dirección en el hotel. Durante setenta años había sido regentado por Stanley Bard, protector de los artistas y los desamparados, a quien la nueva empresa ha jubilado. Además, se ha empezado a desahuciar a todos los que no pagaban, "es la lucha del emprendedor contra las grandes corporaciones". Escaquear la cuenta, vivir con lo mínimo, fue siempre un clásico del Chelsea. Lo era entonces, y lo es ahora. Según Ferrara "el estado financiero de mi país hoy no está muy bien, es un sálvese quien pueda y ya tienes suerte si puedes seguir hablando con tu madre".

Ya que no pueden hacerlo clientes que murieron, como Sid Vicious o la vecina de la 411, Janis Joplin, por la cámara del director de Adicción desfilan Ethan Hawke (que ha vivido en el lugar en varias épocas de su vida y que retornó al mismo al separarse de Uma Thurman hace unos pocos años), Dennis Hopper o el cineasta Milos Forman, que no se corta en explicar las fiestas que allí se organizaban, informa EFE.

Este edificio, donde Arthur C. Clarke escribió 2001, una odisea en el espacio, fue construido en 1883 y a partir de 1905 se convirtió en hotel y residencia, con 250 habitaciones cuyas paredes vivieron muertes y suicidios, como el del poeta Dylan Thomas, que cayó en coma etílico tras ingerir 18 güisquis en la habitación 205.

Bob Dylan, quien por cierto cambió su apellido Zimmerman en homenaje al poeta maldito, también quiso probar los aromas del Chelsea, donde solía ocupar la habitación 2011. Otro trovador, Leonard Cohen, ha elegido diferentes habitaciones, aunque sobre todo la 424 en los años sesenta. Fueron noches que inspiraron su canción Chelsea Hotel: "te recuerdo bien en el Chelsea Hotel, hablabas tan valiente y tan dulce, masturbándome sobre la cama sin hacer, mientras las limusinas esperan en la calle".


Mancha 15 02 09

Apocalipsis Now



Con el corazón en tinieblas
por Eleanor Coppola




Una experiencia sobre la realidad y la ficción de la muerte, una improvisación genial, la búsqueda de Conrad llevada a Vietnam, al sobrepeso de Marlon Brando y a la ebriedad mística de Martin Sheen: la química del cine, en fin, en estado puro. Eso es y eso fue Apocalypse Now, la película que Francis Ford Coppola estrenó en 1979. A punto de estrenarse ahora en España la “versión del director”, Emecé publica a finales de mayo Con el corazón en tinieblas, las notas en forma de diario que Eleanor Coppola, su mujer, escribió durante la preparación del ‘making of’, uno de los más jugosos, controvertidos y fascinantes de la historia del cine.


4 de agosto, Pagsanján
[...] Ayer Francis rodó la escena de la habitación del hotel. Dejó que Marty [Martin Sheen] se pusiera un poco borracho, tal como se supone que en realidad debe estar el personaje. Tanto él como Marty sabían a lo que se arriesgaban. El primer lado del personaje que Marty interpretó había sido el místico, el santo, la versión Jesucristo de Willard. Francis le provocó con unas cuantas palabras y se transformó en el intérprete teatral, en el Willard actor shakesperiano. Francis lo empujó de nuevo y se convirtió en un matón callejero, un enérgico combatiente que ha estado en el infierno pero que es listo, sabe judo, está acostumbrado a las riñas. En este punto, Francis le pidió que se acercara al espejo y admirara su bonito pelo, su boca. Marty puso en marcha una escena increíble. Golpeó el espejo con el puño (quizá no era su intención, quizá se había pasado al ejercitar una llave de judo) y empezó a sangrarle la mano. Francis dijo que su impulso había sido cortar la escena y llamar a la enfermera, pero que Marty estaba bordando la escena. Había alcanzado el punto en que una parte de él y Willard se habían encontrado. Francis tuvo un momento en el que no quería sentirse como un vampiro, chupando la sangre de Marty con la cámara, pero tampoco quería cortar cuando Marty era Willard. La dejó rodando. Fue hablándole a Marty a través de toda la escena. Había dos cámaras rodando.

[...] Más tarde hablamos sobre si la escena tendría tanta fuerza en la pantalla como la había tenido para los que estaban en el set durante el rodaje. El ambiente se había cargado con la posibilidad de que Marty pudiera golpear la cámara o incluso atacar a Francis. Había la electricidad emocional de cuando cualquier cosa es posible. Estaban dentro de una persona, en su territorio personal, con un hombre solo en su momento más privado.

4 de septiembre, Pagsanján
Estuve hablando con Jerry. Me dijo que al parecer todos los que participan en la producción están sufriendo algún tipo de transición personal, algún “viaje” en su vida. Todos los que han venido a Filipinas parecen estar pasando por algo que les afecta profundamente, cambiando su perspectiva del mundo o de ellos mismos, mientras que supuestamente lo mismo le está sucediendo a Willard en la película. Definitivamente, algo nos está ocurriendo a mí y a Francis.

5 de septiembre, Pagsanján
A última hora de la tarde estaba en las escaleras principales del templo, con Francis y Marlon [Brando]. Ellos hablaban sobre Kurtz. Francis le había pedido que volviera a leer El corazón de las tinieblas. Ahora Marlon le decía que su personaje debía parecerse más al Kurtz del libro. Francis le dijo: “Sí, eso es lo que he estado tratando de decirte. ¿No te acuerdas, la primavera pasada, antes de que cogieras el papel, cuando leíste El corazón de las tinieblas y estuvimos hablando?”
Marlon le contestó: “Te mentí. No lo había leído”.

17 de octubre, Pagsanján
He grabado una entrevista con Dennis Hopper. Una de las cosas que dijo que más me interesaron es que pensaba que la industria del cine está en la misma etapa de desarrollo que estaba el arte durante la época en que se construyeron las catedrales góticas. Cuando construían esas grandes catedrales en Europa, empleaban a trabajadores de las canteras, ingenieros, pintores de frescos, etcétera, que creaban la obra mediante la combinación de los talentos de muchos. Hacia el siglo XIX el arte ya había evolucionado hasta el punto de que las obras más importantes de esa época las realizaban artistas individuales con la ayuda de un mero caballete. Dennis quería decir que, actualmente, la realización cinematográfica comporta la unión de talentos de muchos departamentos, pero que quizá con el tiempo las películas acabarán hechas por una persona con una cámara multiuso.

3 de noviembre, Pagsanján
Francis ha llegado a casa a primera hora de la mañana. Me dio un abrazo y un beso y me dijo que todo iba bien. Que se había aclarado. Me explicó que, desde que era pequeño, siempre quiso tener talento y triunfar en la vida, ganarse la aprobación de su familia y de sus amigos y de las mujeres. Quería, por encima de todo, tener mucho talento, pero siempre lo había puesto en duda, así que toda la aprobación que recibía le hacía sentir desgraciado porque le parecía que era falsa. Y, en fin, me dijo que se ha dado cuenta de que sí tiene talento, pero no de la manera que él esperaba, no el talento que creía tener, no como en sus fantasías de la infancia. No el talento tradicional. Dice que cree que su talento real está en el área de la conceptualización, de saber ver una cosa, saber cómo algo se podría hacer, adaptar las ideas a nuevas formas, innovar, en vez de construir de la nada. Me ha dicho que pensaba que su tipo de capacidad no se ajusta exactamente al concepto tradicional de la industria cinematográfica, y que quizá por eso se marchó de Los ángeles de manera intuitiva. Quizá nunca sería capaz de hacer despegar sus planes para unos estudios de cine porque ser jefe de un estudio significa, más que nada, una idea preconcebida de lo que haces si tienes éxtito en la industria cinematográfica. Dice que quizá la razón por la que esta película le está resultando tan difícil, y por la que se ha sentido tan desgraciado, es porque las formas tradicionales con que pensaba que debería trabajar no estaban funcionando, por eso estaba tan enojado y aterrorizado. Cuando, en realidad, su mejor logro en la película era conceptual e innovador y no se hubiera podido llevar a cabo de la manera tradicional. Me decía que, normalmente, el guión está terminado y se da por definitivo antes de empezar el rodaje, pero ahora se daba cuenta de que sus improvisaciones y retoques han dado como resultado las mejores escenas de lo rodado hasta el momento.

Se suponía que Marlon tenía que estar delgado y robusto para interpretar el papel del oficial boina verde, pero cuando apareció con su irremediable sobrepeso, él tuvo que renunciar a sus ideas preconcebidas sobre el personaje y buscar una solución que empujara la película mucho más en la dirección del mito, lo cual resultó mejor que su concepto original. Dice que empezó a darse cuenta de que puede que un buen director no sea el que está totalmente preparado, sino el capaz de tomar las situaciones que ocurren y usarlas en su provecho, en vez de interrumpir la producción hasta que todo cuadre con sus planes originales. Ha dicho que él siempre tenía nuevas ideas y soluciones; que cuando llegó el tifón, no había detenido el rodaje inmediatamente, sino que cambió la escena para que incluyera una tormenta. Y añadió que siempre está furioso consigo mismo por lo lento que avanza el rodaje, y gran parte del motivo es la distinta manera de trabajar que tienen el equipo italiano y Vittorio [Storaro]. él pensaba que era su culpa por no saber mantener un ritmo adecuado, pero ahora ha comprendido que Vittorio y su estilo de rodar son conceptos clave para esta película. Con su elección de un director de fotografía no tradicional estaba haciendo una película mejor. Piensa que, en realidad, está haciendo bien la película, utilizando sus talentos reales, y no haciéndola simplemente de la manera que creería que un buen director debía hacerla. Estaba ilusionado ante la posiblidad de explorar su talento donde siente que está realmente, de ver su vida tal como es y de despojarse de sus ideas preconcebidas.

26 de marzo, Hidden Valley
últimamente han pasado cosas raras. Hace varias noches Francis estaba rodando en el set principal del reducto de Kurtz y la última toma de la noche era un interior del templo. Por alguna razón, decidió no hacerla y aplazarla para el día siguiente, una decisión que no era del todo lógica porque la cámara ya estaba lista y en posición. Al cabo de diez minutos se hundió toda una parte del techo de piedra del templo, aplastando el frontal de la cámara. Si hubiera habido alguien allí trabajando, le hubiera matado.

Hace varias semanas, cuando Marty Sheen sufrió el infarto, parecía que la producción iba a detenerse, pero Francis la mantuvo en marcha para que no se hundieran los ánimos. Se puso a rodar otras escenas, con la fe ciega de que Marty era joven y fuerte y se recuperaría y podría acabar la película. La cosa funcionó durante unos días, pero luego el propio Francis se hundió. Fue justo cuando yo llegué. Ahora parece que Marty se está recuperando con rapidez. Ya ha salido del hospital y se encuentra bien. Espera poder trabajar unas pocas horas al día a partir de mediados de abril. De alguna manera, el guión trata sobre el enfrentamiento con la muerte y la superación del mismo. Marty se ha enfrentado a ella en la vida real. Imagina lo que eso puede hacer por su interpretación de las escenas finales de la película.

Francis ha dicho que él es el personaje de Willard y que, cuando Marty estaba cerca de la muerte, él también se hundió. Dijo que había sido su experiencia más próxima a la muerte. Y que pudo ver la realidad retrocediendo por un túnel oscuro, y que tuvo muchísimo miedo de no poder regresar.

pancha 12 02 09